André Glucksmann durante su intervención en la mesa redonda «Atrévete a hacer más Europa. Una intervención» el 15 de febrero de 2012 en la Fundación Heinrich Böll (en cooperación con el Institut Français de Berlín). Fotografía tomada por la propia Fundación (CC).
André Glucksmann durante su intervención en la mesa redonda «Atrévete a hacer más Europa. Una intervención» el 15 de febrero de 2012 en la Fundación Heinrich Böll (en cooperación con el Institut Français de Berlín). Fotografía tomada por la propia Fundación (CC).

Este año 2022, se conmemoran 85 años del nacimiento del filósofo francés André Glucksmann. Repasamos su atrevida y fructífera trayectoria intelectual.

Por Rogelio Rodríguez Muñoz, académico de la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Diego Portales y la Universidad Mayor

¿Quién es André Glucksmann?

André Glucksmann (19 de junio de 1937, Boulogne-Billancourt9 de noviembre de 2015, París) empezó a destacar en los años 1970 integrando (o más bien presidiendo) las filas del grupo de los llamados nouveaux philosophes, pensadores jóvenes desencantados con el marxismo que reflexionaron honda y descarnadamente sobre la política, el compromiso ideológico y sus consecuencias sociales, no vacilando en denunciar y criticar tanto los totalitarismos de derecha como los de izquierda.

André Glucksmann
Dostoievski en Manhattan, André Glucksmann (Taurus).

De ese tiempo son dos los interesantes libros que surgen de la pluma de Glucksmann: La cocinera y el devorador de hombres (1976) y Los maestros pensadores (1978). En estas obras, el autor escarba en las raíces de los crímenes cometidos en nombre de las ideologías y en las ideas a cuya sombra se forjan barbaries como el gulag soviético. La metafísica de la dominación y la violencia ideológica se remontan hasta maestros pensadores de la talla de Hegel, Fichte, Marx o Nietzsche

Más tarde vinieron otras obras decidoras. En 1982, se editó en nuestro idioma su Cinismo y pasión, un examen del ejercicio de la filosofía en tiempos de crisis. En 1983, La fuerza del vértigo, una lúcida mirada a la tragedia de una paz mundial relativa asentada en la disuasión de las armas nucleares.

En 1993, El undécimo mandamiento, un análisis del comportamiento moral ante el anunciado fin de la historia, donde el humanismo clásico da paso a una ética humanista moderna que no teme denunciar el mal desde la oscura revelación: «Que nada de lo que es inhumano te sea extraño». En 2002, Dostoievski en Manhattan, invitación a repensar la violencia nihilista y el derrumbe de los valores a la luz de las grandes obras literarias.

Esta última obra mencionada fue la respuesta de André Glucksmann frente a la destrucción de las Torres Gemelas norteamericanas. Anuncia ya en estas páginas el brutal poderío del terrorismo nihilista universal. Escribe:

«La violencia casi invisible de las guerras ‘olvidadas’ y la que golpea espectacularmente el corazón de Nueva York son la manifestación de una única e idéntica hybris sin fronteras. En la base, erradica con la metralleta la frágil posibilidad de garantizar en el globo un mínimo de derechos a cada individuo; en la cumbre, programa la aniquilación brutal de la ciudad democrática; en los dos extremos de la cadena, lanza su mortal desafío al siglo XXI sustituyendo, en cuanto puede, los riesgos y venturas de una existencia libre por la ley del maleante».

André Glucksmann perteneció a los nouveaux philosophes, pensadores jóvenes desencantados con el marxismo que reflexionaron honda y descarnadamente sobre la política, el compromiso ideológico y sus consecuencias sociales

Influencia de Voltaire

Voltaire ha sido una figura constantemente presente en el pensamiento de André Glucksmann. A él dedica su último libro: Voltaire contraataca (Galaxia Gutenberg, 2016). Lo presenta como el más actual y revolucionario ejemplo del espíritu ilustrado europeo contra las amenazas, más presentes que nunca, de fanatismos destructores, totalitarismos recurrentes y la tentación de una languidez inerme y acomodaticia frente a ellos.

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Voltaire contraataca, de André Glucksmann (Galaxia Gutenberg).

Según Glucksmann, la lección del pensamiento volteriano es la defensa activa de la tolerancia ante la barbarie arrasadora. Así, no vacila en manifestar: «Europa será volteriana o no será». Occidente se ve enfrentado a peligros que ni siquiera sabe identificar: nacionalismos identitarios y xenófobos, fanatismos teocráticos que buscan el regreso al medioevo, pesadillas nihilistas y fatalistas. Frente a estas infamias, algunas inyecciones de ilustración volteriana pueden servir para recobrar el sentido, nos dice nuestro autor.

Cándido o el optimismo, de Voltaire, es para Glucksmann el manifiesto de nuestro tiempo. Nos invita a leer esta obra que describe el mundo tal como es y no como se dice que es. En sus páginas están las lecciones que Occidente debe recordar. Cándido es una bomba para los fanáticos y los intolerantes, para los infames de nuestra época: «Desde la deflagración, a Cándido, los devotos, sea cual sea su iglesia, cruz o media luna, hoz y martillo, los bordadores del ideal no lo dudan: lo detestan».

Dice también Glucksmann de esta obra volteriana:

«Deleitarse con Voltaire no significa dividir la humanidad en dos —los buenos de un lado, los malos del otro— ni reducir todas las cuestiones a una sola que se imponga a las demás —ilustración profana contra iluminación sagrada, capitalismo contra socialismo…— , pero sí supone ocuparse de las aporías y de los interrogantes a medida que se presentan, con ‘buen juicio’, sin ayuda de revelaciones extraordinarias, siempre conservando ‘la mente más simple’. Siguiendo a Montaigne, aprende ‘más por lo contrario que por el ejemplo’. Hombre de razón —por tanto de duda, por tanto de crítica—, lejos de las almas enredadas en los oscuros hilos de una creación primera y de un juicio final, Cándido aprende la verdad descubriendo lo falso».

Glucksmann nos empuja con su ejemplo y sus libros —y sobre todo con el último— a tener la audacia de decir en público, cueste lo que cueste, lo que los ciudadanos consideramos verdadero y justo. Hoy callar no es la opción. «El crimen de la indiferencia —nos refriega en la conciencia— es la condición primera y necesaria para el trabajo de los asesinos». Y nos regala dos cita: «Un grito provoca la avalancha», de Solzhenitzin, y «¡Gritad y que griten!», de Voltaire.

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