5 claves para entender la importancia de Clara Campoamor

Clara Campoamor (Madrid, España 1888-Lausana, Suiza 1972).
Clara Campoamor (Madrid, España 1888-Lausana, Suiza 1972).

Clara Campoamor fue pionera en muchas cosas: entró en la universidad cuando prácticamente solo había hombres, fue la segunda abogada en Madrid, salió elegida diputada cuando ni siquiera existía el sufragio femenino en España… Y logró que en su país las mujeres pudieran votar. Hoy se cumplen 47 años de su muerte, el 30 de abril de 1972.

Por Amalia Mosquera

La mujer olvidada. Clara Campoamor y la lucha por el voto femenino, de Isaías Lafuente (Temas de hoy).
La mujer olvidada, de Isaías Lafuente (Temas de hoy).

En 1931, el año en el que Clara Campoamor empezó su lucha desde el Congreso para que en España se aprobara el voto femenino, solo había tres mujeres en las Cortes: Margarita Nelken, Victoria Kent y ella. Y dos de ellas estaban en contra de que las mujeres pudieran votar: en su opinión, pues, las mujeres podían ser elegidas, pero no ser electoras. Clara Campoamor, convencida de lo contrario, convencida de que la mujer tenía el derecho y la capacidad para participar en la política de su país, dedicó todo su esfuerzo a conseguir que pudieran hacer uso de ellos. 

1 Pudo estudiar Derecho cuando ya había cumplido más de 30 años y fue la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid. Clara Campoamor nació el 12 de febrero de 1888 en Madrid. Sus padres eran trabajadores: ella, María Pilar Rodríguez, costurera; él, Manuel Campoamor, contable de un periódico. Cuando Clara solo tenía 10 años, su padre murió. Esto la obligó a interrumpir sus estudios. Tenía que trabajar para ayudar a que la familia saliera adelante. Fue modista, dependienta, telefonista…, hasta que en junio de 1909 aprobó unas oposiciones y entró como auxiliar de Telégrafos del Ministerio de la Gobernación. Luego vendrían muchos trabajos más, pero en 1920 retomó sus estudios de bachiller primero y de Derecho después. Con 36 años se convirtió en la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, un mes después que Victoria Kent.​

«El feminismo es una protesta valerosa de todo un género contra la positiva disminución de su personalidad». Campoamor

Del amor y otras pasiones, de Clara Campoamor (Fundación Banco Santander).
Del amor y otras pasiones, de Clara Campoamor (Fundación Banco Santander).

2 La lucha por los derechos femeninos fue su leitmotiv como abogada y más tarde como diputada, para lo que fue elegida en las elecciones de 1931. Ocupó un escaño en las filas del Partido Radical. Un cambio en la ley electoral había hecho posible que las mujeres mayores de 23 años pudieran ser elegidas diputadas. Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken fueron las tres mujeres que lo consiguieron. «El feminismo es una protesta valerosa de todo un género contra la positiva disminución de su personalidad», dijo Campoamor. El 1 de octubre de ese mismo año los diputados votaban en el Congreso si se aprobaba o no el voto femenino.

3 Tuvo que enfrentarse en aquel debate a ideas que anulaban a la mujer y la consideraban ciudadana de segundo o tercer nivel. Le dijeron, por ejemplo, que la mujer no podría votar, en todo caso, hasta los 45 años, edad en la que ya se la podía considerar una persona serena y, por tanto, lo suficientemente estable como para poder ejercer el derecho al voto, una alta responsabilidad. Antes de esa edad, se dijo, estaba incapacitada por ser «esencialmente histérica y sumisa» y por tener su voluntad dominada por la de un hombre, ya fuera su padre, su marido o el sacerdote.

La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor (Espuela de plata).
La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor (Espuela de plata).

4 Ella escuchó y habló, rebatiendo todos esos argumentos. Clara Campoamor hizo un discurso previo a la votación que ha sido calificado como brillante, frente a la postura de Victoria Kent, que opinaba que la mujer merecía el derecho pero aún no estaba preparada socialmente para ejercerlo.

«Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren estas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? (…) ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

(…) cerráis las puertas a la mujer en materia electoral. ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

(…) es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que solo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre».

«La libertad se aprende ejerciéndola». Campoamor

5 Y convenció, a pesar de que los compañeros de su propio partido, que se habían declarado a favor de la igualdad, la dejaron sola. El sufragio femenino se aprobó con 161 votos a favor y 131 en contra. Dos años más tarde, en las elecciones de 1933, las mujeres españolas pudieron ejercer este derecho por primera vez. «La libertad se aprende ejerciéndola», dijo. Fue la única sufragista en el mundo que logró el voto femenino desde la tribuna de un Parlamento, como recordaba en un artículo en El País el periodista Isaías Lafuente, autor del libro La mujer olvidada. Clara Campoamor y la lucha por el voto femenino, publicado por Temas de hoy.

Clara Campoamor exiliada

Al estallar la Guerra Civil, Clara Campoamor tuvo que huir de España: primero a Lausana (Suiza) y luego a Buenos Aires (Argentina), con algún tiempo de estancia en Francia, en París. Escribió La revolución española vista por una republicana, que se publicó en francés, libro en el que analiza el origen de la guerra. En Argentina dio rienda suelta a su faceta más literaria y escribió ensayos que se han recogido en el libro Del amor y otras pasiones, editado por la Fundación Banco Santander. Son textos que Campoamor publicó entre los años 1943 y 1945 en la revista mensual femenina Chabela, reflexiones sobre poesía del Siglo de Oro, el Romanticismo y finales del siglo XIX. Clara Campoamor murió en Lausana el 30 de abril de 1972 a los 84 años.

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