¿Qué relación hay entre filosofía, deporte y “El viejo y el mar”?

El deporte es la búsqueda ardua por la excelencia a través de la superación de desafíos de tipo físico. La búsqueda de la excelencia en el deporte es del mismo tipo que la que se narra en el cuento
El deporte es la búsqueda ardua por la excelencia a través de la superación de desafíos de tipo físico. La búsqueda de la excelencia en el deporte es del mismo tipo que la que se narra en el cuento "El viejo y el mar", de Hemingway.

Mucha. La filosofía del deporte actual tiene una gran relación con una famosa narración épica de un pescador y su obsesión por capturar a un pez gigantesco: el cuento de Hemingway El viejo y el mar. Su tema central es la obsesión de un pescador por buscar la excelencia en el arte de la pesca.

Por Xavi Gimeno y Francisco Javier López Frías, filósofos

En la filosofía del deporte, el término inglés empleado para hablar de tal tipo de búsqueda es quest, que significa “búsqueda ardua de aquello que es difícil de encontrar” o “intentar lograr algo difícil o desafiante”. Aclarar esto es muy importante porque la definición de deporte canónica en la disciplina es esta: “El deporte es la búsqueda ardua por la excelencia a través de la superación de desafíos de tipo físico”.

La lucha entre el viejo y el pez

El libro "El viejo y el mar", escrito por Ernest Hemingway y publicado por la editorial Lumen.
El libro “El viejo y el mar”, escrito por Ernest Hemingway y publicado por la editorial Lumen.

La búsqueda de la excelencia en el deporte es del mismo tipo que aquella que se narra en el cuento de Hemingway. Este presenta la aventura de un viejo pescador que lleva meses sin lograr una captura. Junto a él, un joven inexperto llamado Manolín, quien admira el dominio del arte de la pesca del viejo, desea permanecer con él para aprender el oficio y crecer como persona. A pesar de ello, dada la mala racha del viejo, el joven decide, con gran dolor y pesar, enrolarse en un barco más moderno y mejor preparado para la pesca. Para recuperar su honor y prestigio perdidos, el viejo se hace a la mar con nada más que su bote anticuado, unos aperos rudimentarios y su gran experiencia, viéndose sumido en una odisea que comienza cuando el “pez más grande que había visto en su vida” muerde su anzuelo. Dicha odisea no sólo consiste en la lucha entre el viejo y el pez, sino también en su regreso a puerto, durante el cual, por desgracia para el viejo, el botín acaba devorado por los tiburones y reducido al esqueleto.

El jugador de béisbol Joe DiMaggio en 1951, durante un partido con los New York Yankees en Phoenix, Arizona (Estados Unidos). (Warner Pathe News).
El jugador de béisbol Joe DiMaggio en 1951, durante un partido con los New York Yankees en Phoenix, Arizona (Estados Unidos). (Warner Pathe News. https://archive.org/details/NewsMaga1950).

El deporte, en particular el béisbol, está presente durante todo el cuento, pero aún más en el momento del enfrentamiento entre el viejo y el pez. El viejo piensa constantemente en su jugador favorito, Joe DiMaggio, para dar sentido a su lucha y forzarse a insistir en ella para salir victorioso: “¿Dedicaría el gran DiMaggio tanto tiempo a pescar un pez como voy a estar yo con este?, se preguntó. Seguro que sí”.

La captura del pez y el deporte están conectados por la idea de excelencia. El viejo personifica el espíritu del pescador “auténtico”, es decir, aquel que se esfuerza y sacrifica por ser el mejor en aquello que hace. En este caso, a través de la maestría de habilidades propias de la pesca tradicional. De ese modo, Hemingway describe cómo el viejo es un maestro en mantener la tensión justa del sedal, así como anticipando los movimientos de la presa.

“Lo importante no es llegar, sino estar yendo”

Viejo pescador. (cc by-SA 2.0).
Viejo pescador. Foto de Jaume Ventura (cc by-SA 2.0).

Para el viejo, la pesca es mucho más que una profesión orientada a la mera productividad, es decir, basada en el logro de resultados cuantitativos que han de maximizarse. La pesca no se define por la eficiencia a la hora de arrebatar al mar sus frutos, sino por el modo y la actitud de llevarla a cabo. Como dijo Ortega, “piensen que acaso tiene razón Cervantes –que tanto sabía del vivir– cuando asegura que después de todo es más divertido el camino que la posada. En la vida, amigos, lo importante no es llegar, sino ir, estar yendo”. Del mismo modo, en el deporte se suele afirmar: “Lo importante no es ganar, sino participar”, o también que no vale cualquier victoria, sino las buenas victorias, es decir, aquellas que se logran a través del dominio y la maestría de las habilidades características en cada práctica deportiva.

En este sentido, Hemingway plantea una oposición entre el bote de pesca rudimentario del viejo y el barco sofisticado técnicamente en el que se enrola el joven. Los dos barcos, o, más bien, los dos tipos de pesca, representan dos paradigmas opuestos: por un lado, el modelo de la excelencia, y por otro, el modelo utilitario-productivo. La oposición entre estos dos tipos de pesca, curiosamente, ha sido empleada por el filósofo Alasdair MacIntyre en su crítica a la modernidad e intento de salvaguardar la relevancia y valor de las tradiciones y prácticas sociales.

La excelencia no sólo está relacionada con el dominio de habilidades y técnicas, sino que también tiene que ver con la relación que se tiene con los otros practicantes. Así, a la definición clásica del deporte como búsqueda de la excelencia se le añade habitualmente el término “mutua” o “colectiva”. Es decir, el deporte se concibe como una lucha mutua o cooperativa por la excelencia. Así entendido, el oponente no es un obstáculo a superar, sino todo lo contrario: alguien que nos ayuda a dar lo mejor de nosotros mismos, precisamente porque nos obliga a esforzarnos al máximo y no rendirnos. El competidor es, más bien, un facilitador o asistente en la búsqueda de la excelencia.

Es más, la relación es recíproca: nosotros también obligamos al oponente a esforzarse y mejorar. Entonces, puede decirse que tanto unos como otros cooperamos para alcanzar la excelencia. Esta relación con el oponente se plasma a las mil maravillas en la historia de Hemingway. El viejo muestra una constante unión emocional con el pez y se refiere a él con palabras que denotan compañerismo y respeto: “No he visto un animal más noble, calmado y hermoso que tú, hermano… Luego sintió lástima por el gran pez, que no tenía comida, pero su determinación de matarlo no cedió un ápice a pesar de la pena. ¿A cuánta gente dará de comer?, pensó. ¿Serán dignos de comérselo? No, claro que no”.

 “Más rápido, más alto, más fuerte”

El lema olímpico “Más rápido, más alto, más fuerte” presenta una visión del deporte basada en el esfuerzo, la superación y el sacrificio.
El lema olímpico “Más rápido, más alto, más fuerte” presenta una visión del deporte basada en el esfuerzo, la superación y el sacrificio.

En la filosofía del deporte actual predomina la visión del deporte como búsqueda cooperativa de la excelencia. El buen deportista es aquel que trata de alcanzar la excelencia poniendo a prueba sus habilidades con otros. El ejemplo más claro de esta visión lo brinda el lema olímpico: “Más rápido, más alto, más fuerte”, que presenta una visión del deporte basada en el esfuerzo, la superación y el sacrificio que ponen a los más excelentes a la altura de las divinidades. Dicho espíritu se opone al “resultadismo” propio del deportista profesional que busca la victoria a toda costa, incluso si ello implica hacer trampas y faltar al respeto al oponente.

Hemingway enfatiza de modo muy bello la oposición entre ambas tradiciones al afirmar que el viejo se refiere al mar como “la mar”, porque aquellos que aman el mar se refieren a él como si fuera una mujer. La mar para ellos se identifica con algo que concede grandes favores. Por el contrario, los pescadores jóvenes, se queja el viejo, se refieren al mar en masculino porque lo conciben como un contendiente o enemigo.

El olvidado carácter lúdico del deporte

Desde hace unos años, nosotros, sin negar la importancia de la excelencia, hemos intentado ir más allá de esta visión clásica del deporte, tratando de ofrecer una más completa. El cuento de Hemingway ofrece una ocasión maravillosa para ilustrar nuestro propósito. Repetidas veces, durante el cuento, el viejo habla de un sueño recurrente que le hace sentirse feliz. Dicho sueño, de hecho, consiste en recordar uno de sus primeros viajes como pescador, cuando siendo un muchacho quedó fascinado con la visión de las playas africanas, de arena dorada y blanca, pobladas por leones marinos. Curiosamente, una vez el viejo sobrevive a su odisea, y habiendo logrado la admiración de todo el pueblo, deja de lado la fama y el éxito y va directo a su cama para soñar con las playas africanas y leones marinos jugando en ellas.

Entendemos que la referencia que Hemingway hace del pasado como un momento mejor, más jovial y feliz, nos permite rescatar el carácter lúdico del deporte, que parece haber sido olvidado tanto por la visión del deporte como búsqueda de la excelencia como por la utilitarista. La primera ha tornado el deporte en una actividad demasiado seria. La segunda ha concebido lo lúdico como un impedimento para el incremento del rendimiento y los resultados. Creemos que se ha de abogar por una visión del deporte que conciba a este también como resultado de una pulsión humana tan básica como lo lúdico. ¿Por qué no pensar y vivir el deporte como “una búsqueda jovial consistente en superar dificultades a través del perfeccionamiento de habilidades”? ¿Podrá el deportista moderno, sobre todo el profesional, tomar la misma decisión final del viejo? ¿Podrá dejar atrás los éxitos y honores para vivir el deporte como cuando era un muchacho y jugaba “en el barrio con los amigos”, con el único fin de pasar un buen rato simplemente jugando?

Los autores de este artículo

Xavier Gimeno Monfort y Francisco Javier López Frías son doctores en filosofía por la Universidad de Valencia (España). Xavier es profesor de filosofía en el colegio Aula 3 de Valencia y Francisco Javier es profesor asistente de kinesiología e investigador asociado en el Rock Ethics Institute de University Park en el estado de Pensilvania (Estados Unidos).

1 COMENTARIO

  1. El viejo no rivaliza con el pez igual que el futbolista no rivaliza con el balón. El pez, igual que el balón, es un instrumento para conseguirlo que quiere. El viejo quiere superar al rival más duro, que es uno mismo. Es un añadido que supere a los demás pescadores que no consiguen una pieza tan valiosa. De igual forma, en el deporte amateur, las marcas a batir son las marcas propias anteriores.

    Me aventuro a decir que los deportistas profesionales no intentan batir el record del mundo para dejar por detrás a sus rivales, lo hacen para ser mejor que la temporada anterior. Lo hacen para buscar SU límite. Se me viene a la mente Serguei Bubka batiendo 12 veces su propio record.

    Quizás la gran diferencia está entre deportes individuales y deportes colectivos.

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