Libertad de información. No
Libertad de información. No "tragarse" cualquier cosa que dijera la prensa. Eso proclamaban los carteles y los manifestantes de aquel mes de mayo de 1968. Luego, los "nuevos filósofos" fueron acusados de excesivamente mediáticos y hacer espectáculo sobre todo desde la televisión.

A mediados de los años 70 surge en Francia un movimiento que lo cuestiona todo. Es un grupo de jóvenes filósofos que habían participado de forma activa en las revueltas de Mayo del 68 pero que, sorpresa, de pronto rechazan las ideas del marxismo que habían abrazado durante las protestas. Son los “nuevos filósofos”. ¿Por qué? ¿Qué les había hecho cambiar de opinión? ¿Qué argumentaban? ¿Qué proponían?

No eran los primeros ni fueron los últimos. Podríamos hacer una lista con pensadores, intelectuales y políticos que han cambiado sus ideas a lo largo de los años. Y no sólo un poco –que de esos la lista sería más larga–, sino incluso que han pasado de un extremo al otro. En este caso, lo curioso quizá es que fueron bastantes filósofos a la vez, juntos, en la misma dirección, los suficientes para formar un movimiento.

Fue el pensador francés de origen argelino Bernard-Henri Lévy (1948) quien puso nombre a este movimiento, nouveaux philosophes, nuevos filósofos. Era el mes de junio de 1976 y Lévy utilizó por primera vez esta denominación en un artículo que escribió en la revista Les Nouvelles Littéraires. El nombre de “nuevos filósofos” hacía referencia a un grupo de pensadores rompedores –porque rompían con lo anterior, con lo que era válido hasta ese momento– que compartían algunas tesis, sobre todo esta, la más importante: su ruptura con el marxismo, su rechazo a las ideas de un Marx en el que hasta entonces habían creído y al que habían defendido casi como la solución a todos los problemas.

Como ocurre en muchas ocasiones, otros medios de comunicación se fijaron en aquella denominación de “nuevos filósofos”, les gustó y en seguida la adoptaron. Entonces, claro, no existía Twitter ni falta que hizo para que el término se difundiera y se extendiera con rapidez. Había nacido un nuevo movimiento filosófico, con raíces en Mayo del 68, que había vivido el espíritu y la lucha de aquel acontecimiento histórico, y del que de pronto todo el mundo, en Francia primero y en el resto de países después, hablaba. Para entender el cambio de sentido en la dirección de su pensamiento, veamos cuál fue su origen, cómo surgió.

Los “nuevos filósofos” eran un grupo de pensadores rompedores que compartían algunas tesis, sobre todo una, la más importante: su ruptura con el marxismo

Crítica e inconformismo

La fuerza de las reivindicaciones de Mayo del 68 se plasmaron en miles de carteles como este, pidiendo y defendiendo la libertad de información.
La fuerza de las reivindicaciones de Mayo del 68 se plasmaron en miles de carteles como este, que defendía y pedía libertad de información.

Entre los años 1957 y 1972, un grupo de filósofos, intelectuales, artistas y activistas se preguntó sobre la función que desempeñaban el hombre y la cultura en la sociedad de consumo. Se llamó la Internacional Situacionista. Con una actitud profundamente crítica e inconformista, cuestionaron el orden social para intentar que saltara por los aires y reestablecerlo. Su intención era acabar con la falsedad de la sociedad de consumo, que sólo se basaba en la apariencia, impidiéndonos vivir una vida real, verdadera; terminar con el sistema opresivo de la sociedad de clases y combatir la dominación capitalista.

“Los planteamientos de los situacionistas se enmarcaban en un contexto de desarrollo y progreso tecnológico. Lo que denunciaban era la falta de aplicación de este progreso a la conquista de una vida más elevada, a la liberación del trabajo, a la recuperación del entusiasmo de la aventura y la integración de la creatividad en la vida cotidiana”, explicaba en una entrevista a eldiario.es a finales de 2014 Luis Navarro, filósofo, activista, teórico del arte y las redes, que en los años 90 fue pionero en España en el rescate de la teoría crítica de los situacionistas. “Uno de los aciertos de los situacionistas fue poner la cultura en el centro de la transformación social. Era común entre las vanguardias utilizar el término revolución y buscar una salida política para sus prácticas, con el deseo de romper la distancia entre el mundo artístico, objeto de tantas revoluciones fugaces, y la vida real que seguía siendo igual de plana. Los intentos de los situacionistas se inscribían más bien en la búsqueda de la ‘obra de arte total’, que habría de ser ni más ni menos que la transformación de la sociedad, la creación de situaciones que no admitiesen vuelta atrás”.