Pensar el presente con sentido

La humanidad se asoma a una catástrofe generalizada que se acentúa por nuestra incapacidad para generar sentido. En este libro Jean-Luc Nancy habla de pensar el presente y cuidar «la frágil piel del mundo». Fragmento de la portada del libro editado por De Conatus.
La humanidad se asoma a una catástrofe generalizada que se acentúa por nuestra incapacidad para generar sentido. En este libro Jean-Luc Nancy habla de cuidar «la frágil piel del mundo». Fragmento de la portada del libro editado por De Conatus.

La frágil piel del mundo es una obra inédita en español del filósofo francés Jean-Luc Nancy, recientemente fallecido. Una de las voces más originales del pensamiento de las últimas décadas que dice que «habría que pensar el presente en la inquietud ante lo que viene, pero prestando atención al sentido de lo que sigue pasando en el presente» y nos pone ante la tesitura de pensar el mundo como una frágil comunidad que a cada instante corre el riesgo de desintegrarse.

Por Carlos Javier González Serrano

Siguiendo los pasos de otros gigantes como Derrida, Heidegger, Bataille o Blanchot, el francés Jean-Luc Nancy (1940-2021) siempre intentó presentar (y ejercer) la actividad filosófica como un imperativo por pensar nuestro presente. Pensar para trans-formar. Como leemos en La frágil piel del mundo (publicado por De Conatus), Nancy presenta una filosofía que, en medio de una situación muy preocupante en términos comunitarios y medioambientales, ofrece como salida evitar el catastrofismo y repensar lo común.

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La frágil piel del mundo, Jean-Luc Nancy (De Conatus).

Nancy hizo mucho hincapié en sus últimos años de vida en la necesidad de reconfigurar los senderos por los que a su juicio la humanidad camina hacia una «catástrofe generalizada». Ello sugiere, porque hemos perdido el sentido del mundo y hemos dejado de experimentarlo, de hacerlo presente en términos de pensamiento y de acción. Como explican los traductores del volumen, Jordi Massó Castilla y Cristina Rodríguez Marciel, el sentido es sin duda «un concepto clave del pensamiento de Nancy. Para aprehenderlo en toda su complejidad hay que remitir a su opuesto, el ‘significado’, que es lo que suele presentarse como algo ya dado y acabado, completo».

En opinión de Nancy, hemos llenado nuestro imaginario de significados (petulantes, pretenciosos y cerrados) y hemos abandonado nuestra capacidad para buscar un sentido (abierto, pluriforme). «Se ha perdido el sentido que es el mundo para, en su lugar, rodearse de incesantes significaciones insatisfatorias, de fines que obligan a dirigir la mirada permanentemente hacia el futuro […]. De ahí que el olvido del mundo sea también un olvido del sentido del presente, del sentido que es el presente», comentan Massó y Rodríguez en el prefacio.

Nancy nos empuja a permanecer atentos a cuanto está sucediendo en el presente, es decir, a la creación incesante de sentido, y no tanto a las significaciones (fijas, definidas, definitivas) que queramos dar al mundo. Porque el mundo es lo-que-pasa: en términos cronológicos, sí, pero también en términos factuales. Los hechos pasan porque pasan en el tiempo; y de ese tiempo que pasa debemos hacernos cargo: actuando, en permanente gerundio. Resulta curioso, argumenta Nancy, que en una época repleta de urgencias de todo tipo no tengamos el tiempo necesario para hacernos cargo de ellas.

Ir muy deprisa implica perder los detalles más importantes del trayecto. Por si fuera poco, el progreso nos ha adelantado y somos víctimas de nuestra obsesión por antecedernos a lo-que-pasa. Así lo denunciaba el autor francés: «El capitalismo constituye la exposición en términos de valor de la proliferante infinitud de fines y de sentido en la que la técnica nos ha introducido».

Nancy presenta una filosofía que, en medio de una situación muy preocupante en términos comunitarios y medioambientales, ofrece como salida evitar el catastrofismo y repensar lo común

Una obsesión por el «más y más» que va acompañada de la fe enceguecida por la técnica, como denuncia Nancy en La frágil piel del mundo. Así lo explican los traductores: «A la técnica le sucede lo mismo que a la economía: se ha convertido en un fin cuando antes no era más que un medio; una y otra son el significado que se le impone a la existencia, cuando por el contrario esta debería moverse en un medio bien distinto, el del sentido».

A fin de cuentas, como ya se ha dicho, los grandes problemas de nuestro presente se cifran en lo que Nancy ha denominado la «catástrofe del sentido», la incapacidad para generar nuevas posibilidades de acción que se hagan cargo del mundo en su acontecer presente. Sólo hay pasado inamovible o futuro utópico: el presente se ha desdibujado hasta convertirnos en sujetos inoperantes. En una palabra: nos hemos olvidado del mundo.

Y es que es el tiempo del presente el único en el que es posible que se abra el (y nos abramos al) sentido. Así lo expresa Nancy, de manera tan bella como contundente: «Habría que vivir, que pensar el presente, en la inquietud ante lo que viene, pero prestando atención al sentido de lo que sigue pasando en el presente, esos momentos de verdad, de belleza, de amor, aun cuando hayamos dejado de confiar en el porvenir».

Olvido del mundo que, por otro lado, puede equipararse el olvido de la filosofía: sin pensamiento activo que se haga cargo del presente no será posible modificar las dinámicas que nos conducen hacia el inminente desastre social, ecológico y económico. Por eso, y en relación con ello, Nancy expone la necesidad de centrarnos en el cuidado: del planeta, del mundo, de la humanidad, pero también de nuestro propio cuerpo y del encuentro de este propio cuerpo con el resto de cuerpos, de los seres vivos que pueblan una naturaleza cada vez más desmejorada y envilecida en nombre de la técnica y el progreso.

Resulta curioso, argumenta Nancy, que en una época repleta de urgencias de todo tipo no tengamos el tiempo necesario para hacernos cargo de ellas

De eso trata este libro: de cuidar la «frágil piel» del mundo. Y ello pasa por cultivar la propia sensibilidad:

«Lo decisivo sería pensar en el presente y pensar el presente. No el fin o los fines que están por venir, no tampoco una dispersión anárquica de los fines, sino el presente en cuanto elemento de lo próximo. […] El presente es el lugar de la proximidad -proximidad con el mundo, con los otros sí-mismos-».

Un libro muy original, actual y comprometido, además de inédito hasta ahora en nuestro idioma, en el que, desde la filosofía, Nancy intenta encontrar nuevos modos no destructivos de relacionarnos con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Como culminan el prólogo los traductores de La frágil piel del mundo, se trata de dirigir nuestra estima hacia cuanto nos rodea: «A este mundo en su fragilidad que lo hace, sí, vulnerable, y que por ello apela a nuestra responsabilidad, a la de todos nosotros, para acoger este presente que se presenta como aquello que aún tiene sentido porque es, precisamente, lo que hay que sentir ahora, cuando el tiempo aún no ha venido». En la urgencia del ahora.

Sobre el tapete queda, pues, la urgencia de ocuparnos del ahora desde el cuidado por nuestro entorno: «Solamente entenderemos en qué consiste nuestra ceguera frente al apocalipsis —comenta Nancy— cuando consigamos concebirla como un elemento de la situación actual del hombre actual, es decir, como una de las cosas de las que tenemos el derecho, la posibilidad, de hacerlas o de no hacerlas».

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