Filosofía para pensar la pandemia

«Esta mitología burda que ha nacido alrededor de la pandemia actual es solo el carácter mítico del individuo contemporáneo enfrentando, de manera muy primitiva, la pandemia», dice Pakman. Imagen de congerdesign en Pixabay.
«Esta mitología burda que ha nacido alrededor de la pandemia actual es solo el carácter mítico del individuo contemporáneo enfrentando, de manera muy primitiva, la pandemia», dice Pakman. Imagen de congerdesign en Pixabay.

Marcelo Pakman es un hombre de fronteras: su labor se sitúa entre las ciencias médicas y las humanidades. Psiquiatra por vocación, psicoterapeuta por práctica, pero filósofo por elección, en A flor de piel. Pensar la pandemia, Pakman nos deja una bella reflexión sobre el fenómeno que actualmente atraviesa hasta el último rincón del mundo: la Covid-19.

Por Julieta Lomelí

A flor de piel. Pensar la pandemia, de Pakman (Gedisa).
A flor de piel. Pensar la pandemia, de Pakman (Gedisa).

Los mitos han sido una práctica primitiva y cotidiana para comprender el multicromático lienzo del mundo. Escribe Marcelo Pakman en su último libro A flor de piel. Pensar la pandemia (Gedisa, 2020) que esta «aspiración mágico-mitológica» ha intentado esclarecer desde su narrativa los fenómenos naturales y el comportamiento humano desde épocas antiguas, volviéndose un recurso retórico y epistémico al que recurre una mayoría de individuos incluso en la actualidad.

Este carácter mítico se abre y avanza paralelamente al discurso de las ciencias, y aún en este siglo sigue fundamentando parte de «nuestros propósitos racionales». Este Stimmung mitológico —usando los conceptos de Heidegger— pareciera ser uno de esos temples fundamentales del ser humano para explicarse, muy intuitivamente, su circunstancia: negando su condición biológica y las condiciones psicosociales que influyen en toda existencia, el individuo mítico pretende, como diría Marcelo Pakman, «negociar incluso con la muerte».

Escribe Pakman con respecto a la pandemia que ahora nos toca que ese espíritu mítico ha rellenado los huecos y el «enigma» alrededor del mecanismo de la enfermedad provocada por el SARSCov2, enigma que las multitudes prefieren interpretar a su manera, no queriendo aceptar la letalidad del acontecimiento y sublimando las órdenes del estado y las sugerencias de la ciencia con mitos que «reemplazaron más abiertamente a la muerte natural con acusaciones de crimen sostenidas, en unos casos, por las realidades de las desigualdades ante la pandemia y, en otros, por intentos de exculparse de sus negligencias por parte de gobiernos e instituciones».

El carácter mítico que pienso como un temple anímico fundamental —atreviéndome a ponerle un nombre a la tesis principal de Pakman— siglo tras siglo ha construido sus propias narrativas para darle sentido y encontrar una causa a lo que sucede alrededor del mundo humano. Es por ello que, a pesar del innegable progreso de las ciencias y la tecnología médica, no debe sorprendernos esta interpretación mágica de la pandemia, ya que ha sido la forma natural —piensa Pakman— que ha tenido el ser humano no solo de esconderse del virus, sino de esconderse de sus determinaciones psicosociales y biológicas.

Esto nos lleva a creer o construir hermenéuticas demasiado gradadas en la ficción, en causas poco empíricas, e incluso en explicaciones totalmente descabelladas. Esta mitología burda que ha nacido alrededor de la pandemia actual es solo el carácter mítico del individuo contemporáneo enfrentando, de manera muy primitiva, la pandemia. Este, como Pakman lo llama, homo absconditus, a quien le es ordenado esconderse del virus en el confinamiento del hogar, también cree que escondiendo para sí mismo su realidad, por alguna razón se volverá invisible e invencible ante la enfermedad.

A pesar del innegable progreso de las ciencias y la tecnología médica, no debe sorprendernos esta interpretación mágica de la pandemia, ya que ha sido la forma natural —piensa Pakman— que ha tenido el ser humano no solo de esconderse del virus, sino de esconderse de sus determinaciones psicosociales y biológicas

Escribe el psiquiatra en A flor de piel:

Cuando operamos llevados por nuestras mitologías, más allá de la aparente pura racionalidad, con una premi­sa y una meta ilusorias de volvernos transparentes e in­visibles negando nuestra constitución biopsicosocial, se dan fenómenos paradojales y se promueve entonces una confusión entre lo interno y lo externo mediada por un fenómeno de autorreferencia. Por una parte, la referencia a un ente externo viral vi­vido como un enemigo al que se puede atacar y del que podemos defendernos frontalmente intenta generar una frontera sólida e impermeable que contradice nuestra base natural común físico-química-biológica.

Esa «frontera» que nos autoconstruimos en el discurso, que creemos nos puede defender del virus, no tiene ninguna base ni verdad científica, pero sí la tiene como verdad mítica. Con esta hermenéutica mágico-mítica han surgido desde negacionistas de la enfermedad provocada por el SARSCov2, o quienes creen que utilizando dióxido de cloro u otros «tratamientos» no profesionales podrán recuperar la salud y no intoxicarse, hasta conspiraciones que han pensado la pandemia como un fenómeno planeado a detalle por los «dueños del mundo» para establecer un nuevo orden, controlar la natalidad, etcétera. Pero estas explicaciones mítico-mágicas no son solamente el síntoma común del ya mencionado antes homo absconditus, sino que también son la consecuencia de la saturación de los hospitales y las miles de muertes que ha provocado en todo el mundo el virus. El sostener estas creencias mítico-mágicas, tal como si fueran un tipo de psicosis colectiva, cobran un daño comunitario muy importante.

Con esta hermenéutica mágico-mítica han surgido negacionistas de la enfermedad, quienes creen que utilizando métodos no profesionales podrán curarse, conspiraciones que han pensado la pandemia como un fenómeno planeado a detalle por los «dueños del mundo» para establecer un nuevo orden…

Pero ¿qué hacer frente a este temple mítico-mágico que aún frena y guía conductas poco asertivas en tiempos de crisis? Pakman contestará que no se trata de eliminar por completo ese temple mítico que caracteriza al ser humano de toda época, si no, quizá, de ser conscientes de que esas creencias irracionales y mágicas nos han constituido desde el inicio de la civilización, por lo que debemos conocer su mecanismo y hacerlas jugar en nuestro equipo. Lo cual significaría considerar esos mitos del pasado, en comparación con los actuales, como un método de defensa frente al terror originario que produce la muerte, al cual a veces se responde con un tufillo de providencia y absurdo.

Escribe Pakman: «No se trata de esperar que la razón se oponga al mito que nos habita, porque mito y razón se sostienen de forma mutua, ni de confiar a ciegas en lo irracional y en la ma­gia, sino de salir de nuestro escondite al criticar la razón abstracta, interrumpir los mitos, reencontrar las singula­ridades que escapan a nuestras normas éticas y morales sospechosas de perpetuar diferencias obscenas y de dina­mizarlas hacia una justicia interminable».

Quizá podríamos —siguiendo el ejemplo de Marcelo Pakman— poner en práctica el rescate de algún mito para volver más lúdica la toma de consciencia frente a lo que viene. Me tomaré el atrevimiento de hacerlo y abriré la pregunta de ¿cómo podría uno imaginar la siguiente pandemia? Esa que todo el mundo espera que sucederá después. Imagino una última guerra humana, librada contra un patógeno invisible, mientras naves completamente robotizadas, disparan toneladas de un nuevo químico —resultado del capitalismo farmacéutico—, que logrará, si no aniquilar, sí contener le multiplicación exponencial del nuevo virus, de mayor letalidad a cualquier tipo de SARS.

Ese nuevo patógeno provocará una muerte lenta e inevitable, desde el primer síntoma, hasta la última semana de ser un parásito en el organismo humano. Esa nueva pandemia nacerá en Tártaro, la Ciudadela invisible, de evocación mítica y antigua. Por lo que el potente virus futuro no tendrá nacionalidad, pero sí se esparcirá hasta el último mar. Y tal como cuando volvían diariamente los Buitres a Cáucaso —esa región ambigua y limítrofe entre un Oriente europeo y un Occidente asiático—, regresarán de nuevo cada noche a devorar el hígado de Prometeo, pero ahora enmascarados de carga viral, el patógeno no parará hasta ver consumido por completo el último corazón humano.

Cuanto más educado esté un pueblo, mayores posibilidades tendrá para prevenir una desgracia colosal

Bien sabemos que, dadas las circunstancias demográficas, capitalistas, egoístas, antropocéntricas y de explotación de los recursos naturales del planeta, la pandemia provocada por el SARSCov2 no será la última pandemia que nuestros ojos verán. Pero si hemos de regresar a los mitos, esta noticia no es novedad y ya ha sido dicha por personajes como Bill Gates y otros que reconocemos como «los dueños del mundo», que baste decir no son profetas, sino gente muy preparada que gracias a ello ha logrado construir una mirada telescópica del futuro.

La educación, como el fuego que Prometeo llevó por primera vez a los hombres, es sobre todo luz para el devenir, es formación proyectiva: la encargada de facilitar a la comunidad los medios teóricos y prácticos para asumir y adaptarse al futuro. Cuanto más educado esté un pueblo, mayores posibilidades tendrá para prevenir una desgracia colosal. La educación ayuda a predisponerse ante la tragedia, a adelantarse a ella y tomar riendas en el asunto, para que los buitres no vuelvan sin piedad una y otra vez a extinguir el corazón de la humanidad.

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1 COMENTARIO

  1. Este señor parece estar apartado del conocimiento científico y profesional de muchos especialistas que incluso se han agrupado en asociaciones y parecidos y que dan argumentos ciertos y documentados para que eso que mal condena Pakman, con mucha ligereza, como algo «mágico-mítico». Sus argumentos resultan ideológicamente dogmáticos y bastante desinformados de la realidad. Que hayan grandes poderes detrás (como el de Soros y otros más) no es un mito, es una realidad. Que se esté manipulando la información mediática y subvencionando medios de comunicación para controlar la información, incluida la de la pandemia, es un hecho patente y no un mito. El origen de la pandemia, su supuesta gravedad y la imposición de la vacuna como única «solución», son situaciones completamente confusas. Y esta confusión no es un mito, es una realidad. ¿De dónde saca valor entonces Pakman para darse el lujo de condenar como mito a algo que realmente no lo es? Si es una opinión suya, pues bien, pero no es más que eso y no tiene fundamento real más allá del ideológico dogmático.

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