Luis Alegre en la Feria del Libro de Madrid.
Luis Alegre, profesor de filosofía y fundador de Podemos, en la Feria del Libro de Madrid (España).

Pasó de la filosofía a la política y regresó a la filosofía. Camino de ida y vuelta, o quizá se mantiene en las dos, que al fin y al cabo ambas disciplinas viven dándose la mano. Hablamos con Luis Alegre, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, de ellas y de mucho más: la razón y sus exigencias, el individuo y sus necesidades, el arte y su función, la sexualidad y sus libertades… Y de Podemos y sus discrepancias, claro.

Por Luis Fernández Mosquera

Luis Alegre salió de las aulas de la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense para hacer oír sus ideas. Dio la cara y defendió las reivindicaciones de los indignados del 15M, aquel acontecimiento histórico que ilusionó a tantos y atemorizó a otros, que cuestionó todo lo que hasta entonces se daba por válido e hizo que el panorama político y social saltara por los aires. (Aunque, a lo peor, sea cierta esa famosa, cínica, frase de El gatopardo de que es necesario que todo cambie si queremos que todo siga como está, pero ese sería otro tema…). Fundó Podemos, fue su secretario general en la Comunidad de Madrid y algunas cosas más. Pero decidió dejar la primera línea de la política y regresar a sus clases. Ahora más que nunca posiblemente la política y la filosofía bullen unidas en su cabeza. Acaba de publicar estos días un volumen, junto con el también profesor Eduardo Maura, titulado ¿Qué es la Ilustración? Y antes, otros libros. Me recibe en su despacho de la facultad de Filosofía, qué mejor lugar, y allí hablamos durante hora y media.

"El lugar de los poetas", de Luis Alegre. Editado por Akal.
“El lugar de los poetas”, de Luis Alegre. Editado por Akal.

Su libro El lugar de los poetas trata fundamentalmente del arte como un medio para educar la sensibilidad conforme a las exigencias de la razón…
Esto, pero no solo, también la otra parte: la necesidad de embridar a la razón y de exigirle que no ignore los derechos y los anhelos de la sensibilidad, del deseo. Esto es algo que en el terreno de la política se ve cada vez con mayor claridad, la importancia de no desatender estas lógicas de deseo, afectivas, que inevitablemente se integran en la formación de cualquier cuerpo social y político, que no puede construirse solo con razones o con reglas, sino que necesariamente pasa por la construcción de comunidades con algún tipo de vínculo afectivo entre sus miembros. Esto permite que sintamos una cercanía con individuos a los que no conocemos, con los que no tenemos que compartir la misma religión, ni las mismas creencias o tradiciones, pero con los que nos identificamos a base de imágenes o de símbolos, de modo que un ciudadano de Extremadura puede sentirse más próximo a un ciudadano de Valencia que a un ciudadano de Portugal. Por ejemplo, un Estado prestacional en último término consiste en un compromiso de cuidarnos entre todos, garantizarnos el cuidado sanitario, las pensiones… En definitiva, es una comunidad de cuidados, que debe anclarse en vínculos afectivos y no sólo en reglas.

Y siempre que se construye un orden civil hay que articular estos dos elementos, razón y sensibilidad. Eso es lo que ocurre cuando hablamos de un Estado democrático y de derecho: “derecho” remite a cuestiones procedimentales, racionales, y “democrático”, a una voluntad de vida en común, a una comunidad tejida con vínculos afectivos. El problema es que cada uno de estos dos elementos puede estar bien pensado por separado, pero queda pendiente la tarea de cómo se articulan.

¿Y cómo es posible construir un cuerpo social al margen de las diferencias particulares de raza, lengua, religión, etc.?
Es cierto que, si miramos con un foco actual, estamos asistiendo a una especie de resurgir de los arcaísmos, a un resurgir de los nacionalismos, de los fanatismos religiosos. Sin embargo, no siempre ha sido así. Si miramos el orden civil e institucional, que cabría tomar como modelo, que surge en Europa tras la derrota del fascismo, encontramos constituciones fuertemente sociales y garantistas. Entonces se logró construir comunidades sobre principios civiles y laicos. Es verdad que el resurgir de los arcaísmos es en gran medida la consecuencia de cierta debilidad de este proyecto o de la pérdida de un proyecto a escala europea por parte de los partidos socialdemócratas, que hace que se tengan que construir alternativas de comunidad por otros medios. Eso no quiere decir que sea más fácil agregar en torno a contenidos nacionales o religiosos; yo creo que lo más fácil es agregar en torno a ese espacio en el que se pueden solucionar tus problemas, en torno a lo comunidad que te protege de la violencia, de la enfermedad, que te libra de la intemperie, que te asegura una vejez digna. Y esta comunidad puede ser uno mismo, no confiando más que en sus propias fuerzas, que es una especie de utopía delirante de la sociedad de mercado, o también puede ser la familia, una tribu, una comunidad nacional o religiosa. Pero en absoluto es imposible que sea un orden civil el espacio en el que nos cuidamos los unos a los otros. Es verdad que requiere sus propios mitos, como los derechos humanos, una idea mitológica de Europa, pero esta mitología la podemos incorporar con la misma eficacia que si fuera una mitología nacional o religiosa.

“Es importante no desatender las lógicas afectivas en la formación de cuerpos sociales y políticos; no pueden construirse solo con razones o reglas, necesitan un vínculo afectivo entre sus miembros”

En el libro defiende que estos conceptos, como los derechos humanos, no existen previamente, sino que se inventan, pero que esto no quiere decir que no sean objetivamente buenos o justos. ¿En qué consiste esta objetividad?
Es una objetividad análoga a la de la obra de arte, es el mismo misterio de la creación original, que no se limita a la ejecución de un manual de instrucciones. Miguel Ángel, cuando saca el David de un bloque de mármol, crea sin seguir un modelo o un patrón de medida, pero una vez creada la escultura, parece que la hubiera descubierto, que es como si estuviera ahí. En eso consiste la fascinación de lo bello, en crear algo como si se hubiera descubierto, como si se le hubiera dado la forma que el bloque de mármol, en este caso, estaba pidiendo, con la que se encuentra satisfecho. Esto no es verdad, evidentemente: al bloque de mármol le da igual ser el David o un montón de escombros, pero es como si no le diera igual.

En último término, esto es lo que ocurre con ciertas conquistas de la razón, como los derechos humanos. El concepto es específico del siglo XVIII, aunque cabe encontrar antecedentes, pero la primera concreción institucional es con la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Es una creación relativamente reciente, porque hasta entonces uno tenía derechos en su condición de español o italiano, de judío o católico, pero no en su condición de ser humano; pero una vez creado cobra el aspecto de un descubrimiento, parece que era el concepto que el mundo reclamaba, el que le hace más justicia o lo nombra con más verdad. Es una creación que puede aspirar a un asentimiento universal. La Declaración de Independencia de Estados Unidos, por ejemplo, habla de derechos “autoevidentes”, pero no habían sido evidentes nunca antes. Quiere decir que, una vez creado, es muy difícil rechazar que ese concepto es mejor que los anteriores. Es lo mismo que pasa con la poesía, que parece que encuentra modos de nombrar al mundo que objetivamente le hacen más justicia, que sacan a la luz cosas que habían quedado inadvertidas y solo vemos a la luz de la creación de palabras nuevas.

¿Entonces cuál es la función de la poesía o del arte políticamente?
Bueno, el asunto de la estética lo solemos vincular a la producción artística, y sin duda es verdad, pero el problema es más amplio, es el problema en general de cómo se enlazan la materia y la forma, la sensibilidad y la razón, lo universal y lo particular, las normas y el deseo. Y, eso sí, la creación artística es central en ese problema y le corresponde una centralidad política decisiva. Esto ha sido así como mínimo hasta las vanguardias, que son el último gran intento de colocar la creación artística precisamente a la vanguardia del avance civilizatorio. Luego hay unos años, que en perspectiva son relativamente pocos, en los que el arte ocupa una posición cada vez más periférica con respecto al orden social, pero cada vez más se está intentando recuperar para las expresiones estéticas el protagonismo que les corresponde desde el punto de vista político a partir de los estudios sobre la performatividad del lenguaje, que señalan la capacidad de estas expresiones para moldear el mundo de una forma muy material. Por eso cada vez más las expresiones artísticas cobran el aspecto de una performance, de una intervención sobre el mundo. Pero esto solo se entiende si se entiende que el mundo está en gran parte construido por nuestros sistemas de representación, al menos en los asuntos humanos.

En el libro pone el ejemplo de la serie de televisión Modern Family
Bueno, respecto a un asunto muy específico, que es la facilidad con la que se puede mostrar en todos los entramados tradicionales o familiares, donde siempre se mezclan exigencias irrenunciables para los humanos con tradiciones que pueden ser muy opresivas. Y Modern Family sirve para ver cómo se puede construir un relato donde resulte obvio que, aunque todo se haya puesto patas arriba y los conceptos sólidos como el de la familia tradicional se hayan disuelto, sin embargo se mantiene el núcleo irrenunciable del que no podemos prescindir los humanos que tiene que ver con cierto amparo, con ciertos afectos… que cabe encajar en formatos enteramente diversos como los que refleja la serie sin que esto atente contra ese núcleo irrenunciable. Pero no creo en absoluto que haya traducciones automáticas a la sociedad. Aunque sin lugar a dudas contribuye a esta ampliación en el modo de pensar y de sentir, que es una condición de posibilidad de crear comunidades como las que decíamos al principio, lo más amplias posibles, porque no nos resulta fácil, si no es apoyándonos en representaciones estéticas, ponernos en la piel de otro. Esta tarea, que en parte es una exigencia racional, intentar colocarnos en el lugar de otro, o en el límite en el lugar de cualquier otro, implica liberarse del corsé que nos viene impuesto por nuestras condiciones particulares de raza, clase, edad, nacionalidad, y sentir en el lugar, por ejemplo, de una mujer afgana o un niño refugiado.

Pero ¿cuáles son los mecanismos para lograrlo? No se hace con estadísticas, como puede constatar cualquiera: no tienen el mismo impacto estadísticas de muertos en el Estrecho que la imagen de un niño ahogado en la playa. Sin representaciones estéticas es muy difícil lograr esta tarea de ampliar, ensanchar la sensibilidad para sentir en el lugar de otro o en el límite de cualquier otro.

“Sin representaciones estéticas es muy difícil ensanchar la sensibilidad para sentir en el lugar de otro”

No menciona en ningún lugar del libro la palabra “Podemos”…
Claro, no es un libro sobre Podemos, es un libro de filosofía.

Por supuesto, pero, en cambio, Carlos Fernández Liria, en el epílogo aplica todo el libro a Podemos, como si Podemos fuera la traducción directa de lo que usted plantea en el libro. Entonces, ¿cuánto hay en Podemos de lo que el libro propone o plantea?
Hombre, yo creo que sí hay elementos, sin duda, que pueden ayudar a pensar el tipo de operación o de intervención que supone Podemos, pero no solo Podemos, sino el tipo de transformaciones que está habiendo en el mundo político en general. Venimos de un siglo XX caracterizado por tradiciones ancladas en conceptos muy sólidos, muy bien armadas, y de repente esos bloques ideológicos que articularon el siglo XX en gran medida se disuelven: el concepto de clase social, por ejemplo. Y esto nos exige –pero no solo para pensar Podemos, sino para pensar el mundo político del siglo XXI– hacer un esfuerzo para pensar esta cuestión de cómo se crean las formas políticas, que no son esencias dadas por la naturaleza, sino siempre el resultado de una determinada creación, y por tanto siempre hay un margen para que sean otras. Sin entender esto no se puede pensar nada de la política sobre todo que está por venir, y en ese sentido sí espero que el libro sea de ayuda para pensar lo que tiene de creación toda forma política y por tanto el margen de maniobra que cabe dependiendo de las metáforas que se creen, de las representaciones estéticas, de los sentimientos que se enlacen.

"Elogio de la homosexualidad", de Luis Alegre, editado por Arpa.
“Elogio de la homosexualidad”, de Luis Alegre, editado por Arpa.

Otro libro suyo es Elogio de la homosexualidad. Quizás estamos más acostumbrados a palabras como “defensa”, a la reivindicación de derechos… Ese “elogio” es un paso más…

Es verdad que puede tener algo de provocativo, pero es un libro de filosofía que se inscribe en el terreno de los estudios de género, donde se ha realizado un trabajo espectacular al pensar precisamente lo que de construido y artificial tienen estas cosas que consideramos muy naturales… Yo creo que es una gran conquista intelectual que le debemos al feminismo el haber pensado con detenimiento hasta qué punto la masculinidad o la feminidad son construcciones artificiales que, a partir de una diferencia sexual, han construido una casilla completa en la que han ido metiendo elementos de lo más variopintos. De repente, a unos genitales así y a unos genitales asá le han ido añadiendo el azul y el rosa, las carreras de motos y los programas de cotilleos, limpiar el coche y limpiar la casa, cambiar las bombillas y cambiar los pañales, saludar dándose un beso o saludar dándose golpes… Todo un tinglado incomprensible que se ha hecho pasar por algo así como la esencia de lo masculino y de lo femenino.

Esto afecta a la libertad de los individuos, porque muchas veces ejecutamos un manual de instrucciones en cuya elaboración no hemos participado, que está escrito desde mucho antes de que nuestros padres se conocieran, y sin embargo, sin darnos cuenta, es frecuente que nuestras vidas enteras se conviertan en su ejecución. Esto es así en general en los humanos. Yo lo que trato de defender es que te hace más libre toda posibilidad de cobrar cierta distancia con respecto a esas casillas, ver lo que tienen de artificio, de inercia del pasado, y ganar cierto margen de maniobra sobre ellas. Lo que trato de explicar, y por eso el título, es que los homosexuales, como resultado de una causa perversa como es la opresión, hemos tenido un resultado feliz, que es la obligación de mirar esas casillas desde fuera. Desde que en la adolescencia o en la infancia notas que algo no funciona, que no encajas bien con el sistema de casillas que los ancestros tienen preparado para ti, porque eres un hombre pero falta el elemento nuclear de la casilla “masculinidad”, que es la atracción sexual hacia las mujeres, y lo mismo al revés, se produce el efecto inevitable de pensar sobre esas casillas, cuál es su fundamento, si fallas tú o las casillas. Este es un ejercicio en último término filosófico que para los homosexuales es obligatorio, y en la medida en que estamos obligados a ello, es inevitable que ganemos cierta distancia y cierta libertad. Ese es el núcleo del elogio.

“En la sexualidad se gana libertad en la medida en que, en lugar de aplicar una receta, se asume la tarea de la creación”

Incide mucho también en la libertad sexual, en que la homosexualidad también es más libre en ese terreno.
Sí, pero no lo achaco a elementos sustanciales, sólo faltaba a estas alturas. Lo que digo es lo mismo: también en la sexualidad se gana libertad en la medida en que, en lugar de limitarte a aplicar una receta que ya está hecha, se asume la tarea de la creación, no solo en lo sexual, sino también en lo afectivo.

Un ejemplo bastante ilustrativo para explicar esto de la performatividad del lenguaje de la que hablábamos antes. Todo el mundo tiene la experiencia de conocer a alguien, tomar unas copas, ir al cine, cenar, tener sexo…, una serie de cosas dispersas que no tiene por qué vincular. Pero tarde o temprano surge la necesidad de poner una palabra, e inevitablemente surge la fatídica pregunta de “y nosotros, ¿qué somos?”. Y si la palabra es “novios”, boom, te descargas el archivo completo en el que viene establecido cómo se relaciona cada uno con los suegros y con los amigos del otro, quién se sienta en cada lado del coche, quién se ocupa de cada tarea de la casa, cómo se paga la hipoteca… hasta los más minúsculos detalles de tu vida. Yo creo que cabe llamar libertad a todo lo que nos proporciona un marco de distancia para ver ese fichero que nos hemos descargados, para ver si podemos componerlo de otro modo. Por ejemplo, ¿cuál es la necesidad de cifrar toda la lealtad en la cuestión del sexo? Está bien, es una posibilidad, sin duda, pero no es la única. Desde luego a nadie le gusta ser traicionado por una persona en la que confía, pero hay un margen de construcción a la hora de establecer cuáles son los elementos en los que ciframos la confianza, el respeto la lealtad, la fidelidad o lo que sea. Y esto admite creaciones muy diversas: puedes decir “Lo que no soportaría en ningún caso es que vinieras a este restaurante que es tan especial para nosotros con otra persona. Que eches un polvo una noche borracho a mí qué más me da, pero este restaurante es sagrado, o es sagrado que esta serie la vemos juntos y con nadie más”. En esto cabe innovar y no es necesariamente la mejor idea del mundo que te venga ya prescrito por los ancestros hasta en los detalles más nimios.

Pero usted insiste en que si ese archivo o esa casilla te gusta, nada te impide adoptarlo con entusiasmo.
¡Hombre, claro, por supuesto! Sólo faltaba que no pudiera gustarte, aunque sea por comodidad, para no empezar a crear todo de la nada, descargarte trozos enteros de archivos o archivos completos. Lo que sí creo que es bueno es tener conciencia de lo que se está haciendo. Incluso eso implica una conquista de libertad. El problema es aplicarlo de una forma totalmente inconsciente, sin darte cuenta de lo que estás haciendo.

O sea, que el problema no es tanto el manual de instrucciones como la inconsciencia.
Por supuesto, y el elogio que realizo tiene ante todo que ver con eso, porque yo creo que no puede haber ni un solo ni una sola homosexual que no haya dedicado un tiempo de su vida a pensar sobre estas casillas, porque para nosotros no es una opción, sino una obligación. Y creo que los heterosexuales ganarían mucho en libertad si dedicaran también algún esfuerzo a pensar en sus propias inercias incluso si fuera para no cambiar nada.

A este respecto, en el libro habla a veces de los heterosexuales con cierto tono burlón. Dice, por ejemplo: “Los heterosexuales son heterosexuales como los pingüinos pingüinos”.
Eh… Bueno, como es evidente no me refiero, obviamente, a todos los heterosexuales; entonces estaría incurriendo en lo que trato de denunciar. Me refiero a ese modo de heterosexualidad que consiste en haber comprado el paquete completo sin darse y cuenta y ejecutar minuciosamente todos los detalles y hacerlo como si fuera algo enteramente natural o inamovible. Me refiero a ese tipo de individuos, que diría que generalmente son hombres, porque las mujeres en general han pensado mucho más sobre estas construcciones, que despliegan la heterosexualidad con todas sus reglas, algunas muy opresivas. Los casos extremos conducen al asesinato de las parejas, pero no solo esos casos extremos construyen su propia identidad sobre la posesión y el dominio de una hembra. Y esto es algo sobre lo que sin lugar a dudas hay que pensar y, sin embargo, hay una gran cantidad de varones que despliegan el archivo completo de una forma totalmente inadvertida y que se impone con la misma eficacia e inmediatez que las cosas de la naturaleza, exactamente como un pingüino es un pingüino. Un pingüino no necesita ninguna autoconciencia para ser pingüino, para ejecutar su manual de instrucciones, su “pingüinidad” le sale sola. Y es triste ver que hay humanos a los que se les imponen las inercias con la misma inmediatez, porque implica renunciar al margen de maniobra y de libertad que nos hace humanos.

“Los heterosexuales ganarían mucho en libertad si dedicaran algún esfuerzo a pensar en sus propias inercias”

En el libro no queda muy claro si es optimista o pesimista con respecto a la implantación social de todo esto de lo que estamos hablando. ¿Cuál es su opinión?
Bueno, yo soy de naturaleza optimista, pero es un optimismo basado en la confianza de que si se dieran las condiciones para la creación y la discusión libres, para la creación artística, para la deliberación pública, la confrontación de ideas, la diversidad individual… Si se dan condiciones efectivas de libertad, de ejercicio público de juicio y de deliberación, no podremos sino avanzar y todo lo que ahora son exigencias terminarán convirtiéndose en realidades. En cambio, soy muy pesimista respecto a la posibilidad de que efectivamente se den esas condiciones, porque está muy corrompido, envilecido o incluso estrangulado ese espacio de libertad de creación y discusión. La asfixia a la que se somete a las universidades, a la creación artística, a la cultura, la falta de fondos, de ayudas, de incentivos, al tiempo que asistimos al envilecimiento de los espacios destinados precisamente a eso, como la televisión pública… Soy bastante pesimista a ese respecto.

¿Quién asfixia esos espacios?
Sin lugar a dudas, el gobierno del Partido Popular [silencio]. El gobierno del Partido Popular y esa España de la que son síntoma, esa España católica, castellanista y centralista. Ese 25% de España que sostiene al Partido Popular es el principal obstáculo.

Luis Alegre el irónico

Escribe Luis Alegre en el prólogo-presentación de su libro Elogio de la homosexualidad:

[…] en los últimos años, he dedicado todas mis energías a fundar Podemos, algo de lo que estoy humildemente orgulloso. Ahora, una vez creado, he decidido dejar que los heterosexuales lo destruyan a partir de Vistalegre 2 (utilizando las ilusiones de la gente para medirse sus cosas).

Es inevitable preguntarle por Podemos, partido del que usted es fundador.
Claro, me parece razonable.

Hace poco apareció en las noticias a causa de Cataluña y la propuesta de reforma constitucional de Carolina Bescansa. ¿En qué consiste esa propuesta y por qué la apoya frente a la línea oficial de Podemos?
La apoyo ante todo porque tiene una virtud innegable: es una propuesta. Eso no hay quien se lo pueda negar. Además, resulta que es una propuesta razonable con la que estoy bastante de acuerdo. Se puede discutir, pero al menos esto, en el panorama en que nos encontramos, ya es algo que no sé si podrías hablarme de otra equivalente… Es que es una propuesta. Y además con elementos irrenunciables. Por ejemplo, que la financiación se negocie de una forma más transparente, que implique un acuerdo entre todas las regiones. La articulación territorial no puede pasar por una dinámica en la que el gobierno central recentraliza en cuanto tiene mayoría absoluta, y en cuanto no la tiene, se apoya en partidos nacionalistas haciendo concesiones económicas y componendas… Esto no es sostenible porque implica un agravio para todos los territorios al tiempo que una humillación para estos otros territorios en los momentos en que se produce la recentralización. Este movimiento pendular no es sostenible como estructura de Estado. Por eso convertir el Senado en una verdadera cámara de representación territorial con esa única función (pero, eso sí, exclusiva y excluyente, que no la tenga ninguna otra cámara). Porque ahora mismo la duplicidad de funciones de las dos cámaras hace que el Senado no sirva para nada más que para retrasar los procesos y blindar cualquier posibilidad de reforma constitucional, ya que sobrerrepresenta el voto conservador de España: el Partido Popular, con menos del 30% de los votos, tiene más del 60% de los representantes como resultado del diseño de la ley electoral que hace que la España más conservadora, rural, despoblada quede hiperrepresentada de una forma escandalosa sin más funciones que bloquear cualquier reforma constitucional. Si a esto se le une un problema de transparencia en el reparto de la financiación entre comunidades, que además tienen transferidos los servicios sociales, es absolutamente insostenible. Por eso una propuesta que pase por convertir el Senado en una cámara de representación territorial que rompa con las negociaciones bilaterales y que sea una negociación multilateral la que determine el criterio.

Y respecto a la consulta, Carolina propone una alternativa sensata, que es abrir un proceso de reforma constitucional lo suficientemente complejo como para que el resultado sea algo serio y estable, que se reconozca una especie de instante confederal en el que las distintas partes del Estado renueven su voluntad de vida en común, pero que esto no signifique la construcción de una estructura confederal; y una vez renovada, queda renovado el carácter federal pero no confederal de la unidad territorial. Son elementos que estoy dispuesto a discutir, por supuesto, pero con otras propuestas alternativas que se presenten, que de momento no veo.

“Ahora mismo la duplicidad de funciones del Congreso y el Senado hace que este no sirva para nada más que para retrasar los procesos”

¿Ni siquiera por parte de Podemos?
Realmente creo que no, porque el planteamiento que hacen de aceptar el derecho a una consulta podría ser una solución coyuntural, la más sensata, valiente y juiciosa de las propuestas que hay encima de la mesa por parte de los partidos políticos, pero es una respuesta para salir de un escollo concreto, no es una propuesta de la solidez de la de Carolina.

Retrotrayéndonos algo más en el tiempo, en el último congreso de Vistalegre, dio usted mucho que hablar con aquel artículo en que hablaba de una “camarilla” refiriéndose a los pablistas.
Bueno, los procesos congresuales son en general muy duros, y este lo fue de una forma muy intensa. Los meses previos a ese congreso fueron muy feos para un proyecto muy ilusionante y resultó catastrófico hacer un proceso tan feo, tan hostil. En ese contexto yo escribí un artículo mucho más duro de lo que escribiría hoy. Puede ser inevitable que en el fragor de una confrontación que no estaba siendo sencilla se muestre un nivel de beligerancia o de rabia que, honestamente, creo que no era conveniente. Y desde luego no es el artículo que escribiría hoy ni creo que ahora en Podemos haya nadie dispuesto a repetir el nivel de confrontación que se produjo en ese segundo Vistalegre.

En todo caso, usted debe mantener discrepancias con las posiciones de Pablo Iglesias.
Discrepancias siempre hay con todo el mundo, como es lógico, y esto es algo que hay que normalizar como parte de la vida democrática de un partido. Lo que me parece grave es que un grupo de afinidad o una corriente dentro del partido trate de cristalizar de un modo que excluye a los demás. Esto es algo que tienden a hacer todas las sensibilidades organizadas y en ese momento también lo estaba haciendo este grupo de afinidad, que en último término tenía más poder porque era el grupo más cercano al secretario general. Estaban en una actitud mucho más excluyente que la que tienen ahora y contra eso reaccioné con más beligerancia. Pero afortunadamente las aguas se han calmado y cada corriente ahora mismo tiene un espacio en Podemos, y en esa medida una parte importante de los reproches que hacía entonces, en una situación en la que pensaba que el objetivo de este grupo era laminar y excluir toda la diversidad de Podemos, ahora mismo no lanzaría los reproches que lancé en un momento en el que pensaba que esta era la actitud.

“Las aguas se han calmado y cada corriente ahora mismo tiene un espacio en Podemos”

Y la pérdida de apoyos a Podemos que reflejan las encuestas, ¿a qué la atribuye usted? ¿Tiene que ver con aquel congreso, con Cataluña, con alguna de las cuestiones que trata en los libros?
Hombre, es verdad que aquel congreso tan feo no ayudó a mantener viva la ilusión, pero yo creo que ahora mismo el principal problema está siendo la posición de Podemos respecto a la cuestión territorial. Creo que es la posición más matizada y sensata, la única que intenta tender puentes y proponer soluciones, más estructurales, o más coyunturales, pero introduce matices. Pero claro, los tiempos de guerra no son tiempos para los matices. Hemos entrado en una situación de polarización y de confrontación entre nacionalismos que inevitablemente le pasa factura a las posiciones más racionales, más ponderadas. Los tiempos de tanta polarización sobre cuestiones afectivas y emocionales como las cuestiones nacionales, no son fáciles para quien defienda la posibilidad de tender puentes.

Sin embargo, yo creo que terminará cayendo por su propio peso. Ahora es obvio que la factura en términos electorales se le va a pasar a Podemos, sin duda, pero al final no hay solución que no pase por el diálogo o el acuerdo entre posiciones que parecen irreconciliables, por soluciones que no entusiasmen a nadie pero tampoco resulten humillantes ni bochornosas para nadie. E inevitablemente no hay solución que no pase por el visto bueno de los catalanes respecto al futuro de Cataluña… Son cosas de puro sentido común. Ya digo, la solución necesariamente pasará por algo más parecido a lo que defiende Podemos que a ninguna de las posiciones de los polos.

¿Qué es la Ilustración?

Luis Alegre y Eduardo MAura coordinan este volumen de Guillermo Escolar Editor encargado de revisar, como dice su título "¿Qué es la Ilustración?".
Luis Alegre y Eduardo Maura coordinan este volumen de Guillermo Escolar Editor encargado de revisar, como dice su título, “¿Qué es la Ilustración?”.

Luis Alegre acaba de presentar, junto con el también profesor de la Universidad Complutense de Madrid (en excedencia) Eduardo Maura –diputado por Vizcaya en el Congreso de los Diputados, donde ejerce como portavoz de Cultura de Unidos Podemos– la obra ¿Qué es la Ilustración? El término, ancho y flexible como para convertirse en un “coladero”, necesitaba una revisión completa, compleja y exhaustiva. La investigación que ahora publica Guillermo Escolar Editor ha tenido dos partes. La primera, la originaria, fue un congreso, una semana dedicada a la reflexión filosófica conjunta bajo el título Respuesta a la pregunta “¿Qué es Ilustración?”. Lo organizó la asociación de estudiantes La Caverna en la primavera de 2010. “Agradecimos entonces la invitación de la organización a participar en el Congreso no menos de lo que agradecemos ahora su invitación a editar este volumen”. Fruto de una criba más sosegada y distante es ahora este libro que incluye capítulos dedicados a las relaciones de la Ilustración con el feminismo, el Estado de derecho, la historicidad u otro dedicado a estudiar sus desviaciones.

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