La filosofía me explica el mundo

Especial Filosofía 2019

Las protestas en la calle de medio mundo, el feminismo imparable, la precariedad, los derechos de los animales, la crisis de la democracia, los lugares de frontera y los lugares de memoria explicados por filósofos y filósofas. Ilustración a partir de un archivo de gstudioimagen/ Freepik.
Protestas en las calles, feminismo, precariedad, los derechos de los animales, la crisis de la democracia, los lugares de frontera y de memoria explicados por filósofos y filósofas. Ilustración a partir de un archivo de gstudioimagen/ Freepik.

En estas fechas son habituales los recopilatorios de las noticias más relevantes del año. Un examen de los últimos 365 días en nuestro portal revela hasta qué punto la filosofía ha estado pendiente de la actualidad o encima de ella, sobrevolándola hasta hallar la perspectiva que permita ver lo que no se ve más que al distanciarse. Protestas en la calle, feminismo, manadas, precariedad, procés, derechos de los animales, Valle de los Caídos… Si crees que la filosofía es y debe ser de este mundo, te interesa leer cómo los filósofos y las filósofas han interpretado los puntos calientes de la actualidad en 2019.

1 Protestas, conflictos sociales, violencia y una posible receta. A lo largo de este año hemos visto una creciente conflictividad en las calles de todo el mundo: Cataluña, Chile, Hong Kong, París, Bolivia… ¿Se podría hablar de protesta globalizada? Aquí diversas perspectivas en filosófico brainstorming.

La profesora Carolina Cepeda, experta en movimientos sociales. Foto: César Pachón.
La profesora Carolina Cepeda, experta en movimientos sociales. Foto: César Pachón.

Carolina Cepeda, profesora de Movimientos sociales en la Universidad Javeriana de Colombia, lo analizaba así: «Hay una gran tentación de meterlo todo en el mismo paquete. En el caso de Chile y Ecuador sí son reacciones contra el neoliberalismo, pero no entendido como una sola cosa, que funciona igual en todo el mundo».

«En Londres, por ejemplo, ha habido manifestaciones desde el año pasado para presionar al gobierno para que tome medidas contra el cambio climático. Uno podría pensar que se trata de ambientalistas solamente, pero al desagregar las organizaciones que hay detrás, muchas de ellas tienen vínculos con actores que se oponen a los modos de producción y consumo capitalistas y al neoliberalismo».

«Lo de Cataluña obedece a razones políticas, identitarias, de reconocimiento, pero en esas reivindicaciones se cuelan también las otras».

Chile, de cerca

Dice Carolina Cepeda: «Generalmente, lo que vemos es el pico de las movilizaciones, cuando la gente bloquea una avenida o se salta los torniquetes del metro. En esas movilizaciones se encuentran los de los movimientos sociales que se han venido formando y también la gente que ese día dijo: ‘Ya no más’, que venía acumulando malestar y encuentra una vía de escape cuando los tocan muy en su vida cotidiana».

«El caso de Chile lo ilustra bien, porque arranca por el metro y luego la gente conecta con otras frustraciones que tiene. Puede que el aumento del pasaje del metro no sea significativamente mayor al de años anteriores, pero se junta con el hecho de que invierto demasiado tiempo en transporte, de que el salario que estoy recibiendo no ha aumentando de la misma forma y de que quizá el trabajo que tengo no me permite desarrollar todas mis capacidades».

Y respecto a los frentes políticos que pueden subyacer… «Uno no tiene que ser de izquierda para marchar, y en ese sentido el caso de los chalecos amarillos en Francia es interesante. En esas movilizaciones confluyeron también sectores conservadores, proteccionistas, que se opusieron al neoliberalismo en la forma que los estaba afectando a ellos, que era el alza de la gasolina».

«En Bolivia hubo protestas porque un grupo de ciudadanos ya le había dicho a Evo que no se reeligiera y ahora le está reclamando un presunto fraude electoral. Posiblemente, ahí está metida la élite reaccionaria, pero hay otros sectores populares que también están pidiendo que se rote el poder, gente que posiblemente habría votado por un candidato de la línea de Evo, pero diferente a él por una cuestión de principio».

«Hay muchas razones que motivan a la gente a movilizarse y no todos los movimientos son progresistas. También hay unos reaccionarios, los movimientos provida, por ejemplo, que cumplen con todas las características: son organizados, solidarios, comparten valores, tienen diferentes formas de acción».

Cataluña, de cerca

La filósofa Marina Garcés tiene claro qué hechos o acciones y reacciones significarían avances sustanciosos a la hora de resolver el procés en Cataluña. «Para mí la respuesta es muy sencilla: parar la represión policial y judicial y aceptar la celebración de un referéndum. Todo lo demás es crueldad, pérdida de tiempo y tacticismo político».

Heinz Bude, sociólogo alemán, autor de La sociedad del miedo (Herder): «El conflicto de clases está de nuevo aquí, pero no se trata de clases que manifiesten de qué lado están en razón de sus intereses e ideas. Hoy en las sociedades occidentales tenemos una sociedad de clases sin clases. En lugar de esta lucha, existe una por los derechos de expresión que va sobre quienes son los realmente oprimidos, y quienes permanecen invisibles».

Laura Quintana, filósofa y profesora del Departamento de Filosofía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Andes (Colombia): «Nos tenemos que deshacer de ese lenguaje pacifista simplificador. La violencia no es eliminable de la vida, pero hay formas peores de violencia. Interrumpir el tránsito en una vía, ocupar un lugar, pintar un grafiti son formas de violencia que, en todo caso, no se comparan con una violencia física o estructural».

«Hay ciertas formas de violencia importantes, sobre todo las simbólicas, porque dejan ver otras peores que no se logran confrontar con un debate entre expertos. Los movimientos hacen uso de diferentes formas de violencia simbólica y hay mucho que experimentar en este nivel. En todo caso, la violencia armada sí mostró que lleva a espirales de violencia y por eso no la justifico, excepto cuando sea la única forma de defenderse, como en casos mundialmente reconocidos como la resistencia europea. Hannah Arendt decía que no se podía luchar frente a Hitler parándose como Gandhi».

Colombia, de cerca

La filósofa argentina afincada en Colombia Luciana Cadahia: «Creo que hoy en Colombia hay una masa crítica muy interesante, tanto de la ciudadanía como del arte, el cine, la literatura y la academia. Esta masa crítica está teniendo mucha visibilidad y cortocircuitando el relato uribista de miedo y violencia. Se está creando un sentido común democrático, igualitario y feminista muy interesante que debería ser tenido en cuenta en el resto de la región. Y, en lo que se refiere a la filosofía, hay mujeres filósofas muy poderosas que están pensando el país de un modo original, colectivo y prometedor. Puedo decir que tengo el privilegio de compartir con ellas muchas cosas».

Adolfo Chaparro, filósofo y profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, en Bogotá (Colombia): «No se puede dejar que las grandes decisiones se queden atascadas en las discusiones eternas entre los partidos. Los operadores de la política, como lo comprobamos cotidianamente, no siempre tienen claridad ni información sobre los grandes problemas del país. Cuando hablo de hiperpolitización me refiero a que la sociedad misma, los movimientos sociales, los grupos de mujeres que están tomando fuerza en toda Latinoamérica, la academia, los trabajadores, los individuos puedan pensarse a sí mismos no como miembros de un partido y en relación con un enemigo, sino en relación con un proyecto dentro de un conjunto que es el país».

Instrucciones para un diálogo verdadero

Si, como muchas veces se repite, el diálogo puede ser la solución a los conflictos, aquí el escritor José Jiménez Lozano ofrece unas pistas sobre cómo ha de ser:

José Jiménez Lozano
José Jiménez Lozano Foto: ICAL (cedida por Jiménez Lozano).

«En este tiempo hemos puesto de moda el diálogo. Me parece que es una manera de hablar. Desde siempre ha habido que hablar para tratar de superar unas diferencias, pero para eso hay que considerar al otro nuestro igual. Por lo menos dejar de satanizarlo, y proponer exactamente lo que se busca hablando los dos y para los dos. Y no utilizar retórica ni lenguaje correcto, que siempre son un fraude. No creo que esté España tan dividida como para no entenderse, pero para hablar hay que ser libre y lo políticamente correcto no lo permite. No permite una ironía ni una verdad. Es un lenguaje totalitario, además de ser estúpido».

2 Democracia en crisis. ¿Votar, votar, votar y volver a votar? Hasta cuatro veces en España en los últimos cuatro años. Lo que no ha pasado inadvertido para pensadores dedicados a interpretar los signos de una democracia en crisis, mutación o redefinición.

Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social, investigador IKERBASQUE en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática.
Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social, investigador IKERBASQUE en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática.

Danniel Innerarity, catedrático de filosofía política y social, ensayista español: «Mi hipótesis es que nuestros sistemas políticos no están siendo capaces de gestionar la creciente complejidad del mundo y son impotentes ante quienes ofrecen una simplificación tranquilizadora, aunque sea al precio de una grosera falsificación de la realidad y no representen más que un alivio pasajero. Quien hable hoy de límites, responsabilidad, intereses compartidos tiene todas las de perder frente a quien, por ejemplo, establezca unas demarcaciones rotundas entre nosotros y ellos, o una contraposición nada sofisticada entre las élites y el pueblo, de manera que la responsabilidad y la inocencia se localicen de un modo tranquilizador. Entre las cosas que hacen más soportable la incertidumbre, nada mejor que la designación de un culpable, que nos exonere de la difícil tarea de construir una responsabilidad colectiva».

«Tenemos que volver a pensar el modo como se degradan las democracias. ¿Cómo podemos pensar esta nueva etapa que apenas se deja caracterizar por la rotundidad con la que distinguimos lo vivo de lo muerto? Más que complots contra la democracia, lo que hay es debilidad política, falta de confianza y negativismo de los electores, oportunismo de los agentes políticos o desplazamiento de los centros de decisión hacia lugares no controlables democráticamente. En vez de manipulación expresa, estamos construyendo un mundo en el que hay un combate más sutil y banal por atraer la atención; donde el activismo político adopta la forma del voyeurismo; en el que es difícil discernir la opinión autónoma del automatismo de opinar. Los personajes que amenazan nuestra vida democrática son menos unos golpistas que unos oportunistas; su gran habilidad no es tanto hacerse con el poder duro como lograr atraer el máximo de atención. En esto, Donald Trump es el gran campeón de la banalización política».

Sin partidos

Marina Garcés, ¿es posible una política sin partidos?
Es posible y necesaria.

Agapito Maestre, escritor y filósofo español, autor de Ortega, el gran maestro: «Me detengo mucho en el libro en esta idea de Ortega, cuando dice eso de que una cosa es el liberalismo –que es, básicamente, la defensa radical de la libertad individual– y otra cosa es la democracia. Porque, claro, si la democracia es una cuestión de derecho público, la libertad individual es una cuestión de privacidad, de individualidad. La clave entonces es cómo acompasar la libertad individual y su desarrollo con el espacio público, con la democracia. Si exageramos el asunto, podríamos sacralizar la democracia hasta hacer de ella una democracia morbosa». 

Laura Quintana: «Tomé distancia de lecturas que leyeron esos fenómenos recientes, culpabilizando simplemente a los electores por su ignorancia, falta de entendimiento y proclividad a la manipulación –nos dijo la filósofa colombiana de la Universidad de los Andes–. En lo que hay que fijarse es en las condiciones (económicas, sociales, políticas) que hacen que las personas sientan que no hay oportunidades para ellas en el mundo, que hay un ‘estado de cosas’ que no se puede cambiar. Y también en qué es lo que hace que las personas culpen a otros por los daños que padecen, en lugar de ver estos daños como vinculados con fenómenos sociales más amplios, que tienen una larga historia. Se trata de pensar en las condiciones que permiten que puedan emerger y tomar fuerza lo que se ha llamado políticas del miedo, que mueven los afectos inmunitarios de los que he hablado antes. Con esto problematizo también la idea de que las personas críticas (las que reconocen los mayores problemas del país y lo reflejan en su voto) se mueven por razones y argumentos, y las no-críticas (quienes votan por fanatismo o temor), por emociones y afectos. Las emociones y afectos siempre están presentes, también en las posiciones que parecen más razonables»

Mario Bunge y la propuesta de una «democracia integral» de este filósofo argentino: «En una democracia integral, todos comparten la riqueza, la cultura y el poder político. Cuando un grupo monopoliza alguno de estos recursos, no solo excluye a la gran mayoría, sino que también termina por apoderarse de los demás recursos. Esto ocurre tanto con el capitalismo como con el socialismo autoritario. Por esto preconizo la combinación de la democracia (o autogobierno) con el cooperativismo».

3 Precarización y malestar laboral, personal y social. Empresarios de uno mismo, el trabajo ha dejado de tener un horario y un sitio y se cuela en las esferas más íntimas. ¿Es bueno? ¿Es malo? Es contradictorio, como señala la filósofa española Nuria Sánchez Madrid y, por supuesto, es político, como indica la filósofa colombiana Laura Quintana.

Nuria Sánchez Madrid, investigadora del departamento de Filosofía y Sociedad de la Universidad Complutense de Madrid.
Nuria Sánchez Madrid, investigadora del departamento de Filosofía y Sociedad (Universidad Complutense de Madrid).

Nuria Sánchez Madrid, doctora en Filosofía y en Ciencias de la Religión y profesora en la Universidad Complutense de Madrid: «Creo que, por un lado, hay una multiplicación de síntomas que ha generado, a pesar de la despolitización general de la sociedad, una visibilización de ese malestar y una pérdida de la vergüenza y el pudor a manifestarlo. Las fronteras entre la vida doméstica y la vida profesional se han puesto en entredicho precisamente porque el mercado laboral postfordista ha decidido abolir esa frontera y no volveremos a entornos del pasado. Con todo, como Sergio Bologna, debe atenderse también a que la ‘domesticación’ del trabajo también comporta facetas positivas, especialmente si pueden emplearse para por ejemplo volver la llamada ‘conciliación’ de las trabajadoras mujeres más sostenible y verosímil. Escuchar las recomendaciones y argumentos que Carolina del Olmo lleva años exponiendo sobre la necesaria ‘socialización de la maternidad’ beneficiaría mucho a una sociedad como la española. En la universidad lo notamos cada vez más, trabajamos sobre todo en casa. Robas horas a la noche, a tu familia, a tu sueño. Nos damos cuenta de que la domesticación del trabajo puede ser una ventaja, pero en otras ocasiones es un lastre porque supone la quiebra entre el espacio público y privado en beneficio de una productividad que amenaza la salud mental y física del sujeto».

Laura Quintana: «El neoliberalismo ha dado lugar a formas de precarización de las condiciones en que viven las personas; un ejemplo es la flexibilidad laboral. Y eso va de la mano del discurso que hoy está en todas partes, incluida la jurisprudencia, de que cada quien es dueño de su vida, tiene que autogestionarse y es responsable de su éxito. Ese es el discurso del emprendimiento del presidente Iván Duque en Colombia también. Entre otras cosas, esta idea ha dado lugar a cierta tendencia a psicologizar los problemas, a verlos como una cuestión de cada persona, cuando lo cierto es que muchas veces son problemas sociales, del mundo en que vivimos. El efecto de esa narrativa a nivel global es la despolitización, que consiste en interpretar una serie de conflictos sociales fuertes como conflictos de individuos, de intereses o de opiniones, simplemente, y como una cuestión de fallas en la personalidad, o de falta de capacidad o bajo rendimiento de cada persona. Lo contrario es la ‘politización’ de los problemas que permite que las personas se unan y organicen alrededor de experiencias difíciles que comparten y a partir de eso lleven a cabo cambios en su forma de pensar y de sentir. Para mí el problema grave que tenemos ahora no es la polarización, sino la despolitización».

4 Feminismo, siempre adelante. Cada vez más gente entiende y comparte que no se trata de las reivindicaciones de las mujeres (aunque las incluya), sino de una forma distinta de entender la sociedad, el entorno, el poder… El mundo, vaya.

Retrato de Kim Manresa, por cortesía de la autora.
Marina Garcés por Kim Manresa. Retrato por cortesía de la autora.

La filósofa y ensayista Marina Garcés: «Pienso que esta nueva centralidad del feminismo tiene que ver con la crisis de civilización que estamos viviendo. Están en cuestión las formas de vida (instituciones, valores, modos de producción, especies vivas etc.) que nos han llevado hasta este impasse y el feminismo da una respuesta integral al problema. Ya no se trata solamente de reivindicar los derechos de la mujer y su igualdad, sino de proponer otra relación con la sostenibilidad de la vida, con la violencia y con el poder».

Le pedimos un lema, una frase para las manifestaciones del próximo año: «Nuestra violencia es existir (pero no es mío, es de El Pressentiment)», avisa.

Nancy Fraser y el feminismo para un 99%

En marzo llegó a las librerías su manifiesto de un feminismo para el 99% escrito junto con Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya. La filósofa estadounidense Nancy Fraser, uno de los nombres claves para el feminismo, pasó por Madrid para explicarlo.

“Manifiesto de un feminismo para el 99%”, de Arruzza, Bhattacharya y Fraser, editado por Herder.
Manifiesto de un feminismo para el 99%, de Arruzza, Bhattacharya y Fraser (Herder).

«El feminismo para el 99% es un proyecto político y una intervención activa. Representa la alternativa al feminismo liberal, ese de ‘romper el techo de cristal’ cuyas principales beneficiarias son mujeres directivas. En contraste con esta aproximación, el feminismo para el 99% se centra en las preocupaciones de las mujeres pobres, de clase obrera y media, incluyendo las inmigrantes y las de color. Su expresión más conocida hasta el momento es la huelga internacional de mujeres que en los dos últimos años ha organizado, en numerosos países, paros, manifestaciones y otras acciones en el Día Internacional de las Mujeres, el 8 de marzo (…) Acuñando esa expresión, feminismo para un 99%, queríamos señalar que era hora de acabar con el feminismo de las élites empresariales para el que la igualdad de género significa superar la discriminación, de modo que las mujeres de talento puedan llegar a lo más alto. Este feminismo ignora la dimensión estructural de la subordinación femenina en la sociedad capitalista. Olvida que las Sheryl Sandbergs (economista y directora operativa de facebook) del mundo se pueden apoyar en los tableros de dirección porque también se están apoyando en las labores domésticas que realizan mujeres mal pagadas, migrantes o de otras razas. El feminismo para el 99% se opone frontalmente a la austeridad neoliberal, que interpretamos como un asalto a la reproducción social. La reacción a esto debe ser, por lo tanto, feminista y antineoliberal o anticapitalista al mismo tiempo, por lo que nuestra reivindicación principal es subordinar los intereses de beneficio capitalistas a las necesidades sociales».

Darío Sztajnszrajber, filósofo y divulgador argentino : «Una filosofía bien encarada va a estar en la defensa de todas aquellas minorías o todos aquellos sujetos discriminados, violentados u oprimidos, sobre todo aquellos que lo han sido en términos de su propia exclusión por naturalización. La deconstrucción no solo supone una reivindicación de la figura del extranjero, sino de aquellas extranjerías solapadas. No es casual que hoy la filosofía más puntera sea la filosofía de género, que saca a la luz los modos de la alianza entre el saber y el poder que no ha hecho otra cosa que promover una sociedad de sujeción donde la mujer siempre ha tenido que ocupar roles que se supone que le corresponden por naturaleza, justificando así una asimetría social».

El dedo en la llaga de las violaciones en manada

Virginia Moratiel es doctora en filosofia, escritora y ensayista: «El aumento de las violaciones en grupo, en manada, no ha de considerarse un castigo al creciente activismo feminista, sino una respuesta ante el debilitamiento de la masculinidad, causado por la precarización de la vida que se deriva de la imposición global del capitalismo, basado en el consumismo, la competencia, la depredación de los recursos naturales y la acumulación material excedente puesta al servicio de la especulación comercial o financiera. En definitiva, es la secuela de un tipo de estructura socioeconómica reñida desde sus fundamentos con los principios matriarcales de afecto, acogimiento, solidaridad y cuidado de los demás».

«En dicho contexto, la adquisición del prestigio necesario para la validación masculina se presenta cada vez más difícil de alcanzar si no es a través de la violencia porque, habiéndose agotado ya el reparto de los bienes entre los miembros del ‘clan de hermanos’, es casi imposible la apropiación fundada en el respeto, en las cualidades personales».

Luciana Cadahia: «Considero importante hablar del pensamiento de mujeres como una forma de transformar el pensamiento universal –nos decía la filósofa argentina que vive en Colombia–. No se trata de un pensamiento particularista, sino la posibilidad de entender que hay algo del pensamiento femenino que está trastocando el sentido mismo de humanidad. Por otra parte, creo que hay una cierta misoginia estructural en Colombia, y en el mundo, que no soporta el pensamiento femenino. Hay algo insoportable en el hecho de que una mujer piense con libertad y determinación. Hay voces femeninas muy poderosas en Colombia que están sufriendo la misoginia estructural como Francia Márquez, Ángel María Robleda, Carolina Sanín o Sara Tufano. También está la Red de Mujeres Filósofas, de la que soy parte, con grandes filósofas colombianas que hemos decidido empezar a denunciar esta estructura. Se está consolidando una inteligencia femenina en Colombia muy interesante que remueve fuerzas históricas dormidas. Muchas creemos que esto también despierta miedo y por eso intentan acallarnos». 

5 Fronteras, extranjeros. Frente a un mundo cada vez más parcelado, la filosofía reivindica el poder de saltarse todos los muros y reconocerse en el otro, el ajeno, el extranjero.

El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber (1968). Foto © Alejandra López, cedida por Sztajnszrajber.
Darío Sztajnszrajber. Foto © Alejandra López, cedida por Sztajnszrajber.

Darío Sztajnszrajber: «Hay filosofías fascistas y xenófobas. Hitler tuvo su filósofo de cabecera, Rosenberg, en la Alemania nazi –nos dijo el filósofo argentino–. Una filosofía de la deconstrucción es una filosofía que obviamente va a insistir en la necesidad de desapropiarse de lo propio, entendiendo desde un marco teórico, con autores como Derrida, Lévinas o el mismo Foucault, que la filosofía es siempre un ejercicio de hospitalidad, porque la filosofía es la apertura justamente a lo otro; la prioridad infinita de lo otro se da en que la filosofía supone un ejercicio de otredad. La filosofía es la otredad del sentido común. Por eso es incomprensible, es molesta, o no se la entiende, o se la considera una pelotudez. Porque de algún modo cuaja en ese lugar de la otredad».

«Una filosofía bien encarada va a estar en la defensa de todas aquellas minorías o todos aquellos sujetos discriminados, violentados u oprimidos, sobre todo aquellos que lo han sido en términos de su propia exclusión por naturalización. La deconstrucción no solo supone una reivindicación de la figura del extranjero, sino de aquellas extranjerías solapadas».

Luce López Baralt, catedrática de Literatura Española y Comparada en la Universidad de Puerto Rico, experta en mística: «(…) a nadie le gusta ser distinto. A muchos españoles les gustaría ser ‘macizamente europeos’ y que nadie les cuestione su europeidad. Sabe mal cuando a España le dicen ‘África empieza en los Pirineos’ o Spain is different, porque a nadie le gusta ser distinto. ¿Verdad que en la escuela sabe mal si uno es cojo, o es bizco, o es mucho más inteligente que el resto, o es brutísimo? Es el mismo mecanismo, a uno le gusta pertenecer. Si te cuestionan tu pertenencia, te sientes extraño e incómodo y quieres, no ya pertenecer, sino archipertenecer, y desarrollas una actitud a la defensiva: ‘Yo soy supereuropeo’, y los moros fuera, y los judíos, ni digamos. Y se niega algo que a un hispanoamericano le parece maravillosamente natural y a mí personalmente lo mejor que tienen ustedes, la diversidad cultural, la riqueza del diálogo intercultural… Pero yo entiendo la expresión de dolor e incomodidad histórica: hay que ponerse en los zapatos ajenos. Y esa parte de España que se ‘incomoda’ yo la abrazo también, porque es parte de ella. Lo que no quita para que mi obra sea una obra de reconciliación, de intentar entender a España en su totalidad, pero eso incluye entender también sus rencillas, ¿por qué no aceptarlas como parte de su idiosincracia nacional?».

Donatella Di Cesare, filósofa y ensayista italiana: «Me alarma, en primer lugar, la enorme disparidad creada por la globalización: por un lado, la gran esfera cerrada de los mundos occidentales y occidentalizados, donde se ha construido el sistema del capital, la tecnología y el confort, y, por otro, la inmensa periferia de la miseria, los suburbios planetarios de la desesperación y la desolación. Una cuarta parte de la humanidad tiene riquezas y recursos, que están excluidos de las otras tres cuartas partes. Las desigualdades aumentarán exponencialmente. Los perdedores, a los que la globalización ha dejado al margen, son otros tantos migrantes potenciales. Dediqué uno de mis últimos libros, Extranjeros residentes, a la filosofía de la migración. A pesar de la injusticia social producida por el régimen capitalista global, al que también debemos el inminente colapso ecológico planetario, nos parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo».

Juan Mayorga, filósofo y dramaturgo español, académico de la Lengua: «Si uno mira hacia atrás en la historia de España… Bueno, claro, si piensa en España como un país victorioso contra sucesivos antagonistas, eso es una historia; pero si piensa en España como una comunidad formada de exilios, como una sociedad de expulsión y piensa cuántos exiliados hemos lanzado a lo largo de nuestra historia, eso puede hacernos prestar una atención a los desplazados del mundo. De modo que esa mirada hacia el pasado que suele ser asociada al conservadurismo tiene, en Benjamin y en otros, un carácter emancipatorio».

6 Derechos de los animales. No están ahí para uso y disfrute del ser humano. No. Y no son menos que este. La labor de profesionales y activistas como Fabiola Leyton, Marta Tafalla y Juan Ignacio Codina recuerdan que el antiespecismo es un humanismo.

Fabiola Leyton.
Fabiola Leyton, autora de Los animales en la bioética (Herder).

Fabiola Leyton, chilena, doctora en Filosofía, autora de Los animales en la bioética (Herder): «La ignorancia está en la base del maltrato, porque quien lo perpetra puede desconocer los mecanismos por los que la víctima sufre, por lo tanto, ese dolor es irrelevante. También están los casos de maldad patológica en que ese sufrimiento es disfrutado y se promueven las situaciones de maltrato, por la mera satisfacción de quien comete esos actos. En el otro espectro se sitúan las personas que reconocen que los animales sufren, pero cuyo sufrimiento resulta, finalmente, indiferente. Cuando esto sucede, consideramos que el sufrimiento de los otros animales es menos importante que el nuestro: sus intereses estarían situados por debajo de los intereses humanos. Muchas personas en la actualidad piensan así, y por ejemplo, critican que haya personas preocupadas por el maltrato a los animales pues lo consideran un desgaste de recursos en circunstancias en que ‘hay tantos problemas humanos que resolver primero’, desconociendo (o negando con ello) la raíz común a ambos problemas, que son las violencias estructurales, las relaciones de poder desigual y la discriminación hacia los que son considerados inferiores».

Marta Tafalla, doctora en Filosofía y profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona. Una de las voces más activas en favor de los derechos de los animales: «El ser humano es un animal como los demás. Todos los animales compartimos un mismo origen biológico y estamos emparentados, de forma que nuestras capacidades cognitivas y emocionales son más similares de lo que a veces creemos. Encontramos una inteligencia muy desarrollada en todos los vertebrados, e incluso en invertebrados como los cefalópodos. Por supuesto, cada especie tiene sus peculiaridades: las yubartas se oyen entre sí a centenares de kilómetros, muchas aves perciben el campo magnético de la Tierra, y los humanos hemos desarrollado un lenguaje sofisticado. Pero el deseo de tantos seres humanos de ser superiores al resto de especies es solo eso, un deseo. Y, desgraciadamente, es un deseo que a menudo se traduce en maltrato al resto de animales».

Juan Ignacio Codina, autor de Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español, publicado por Plaza y Valdés, subdirector del Observatorio Justicia y Defensa Animal: «¿Qué importancia tiene que la tauromaquia sea socialmente considerada ética o moral?, ¿y que sea considerada una tradición, una cultura o un arte? En mi opinión, esa no ha de ser la discusión. Debemos pensar que, históricamente, atrocidades que hoy no concebiríamos, eran, en su tiempo, consideradas moral y éticamente aceptables: circos donde se exhibía a seres humanos con deformaciones corporales, la esclavitud, el matrimonio con menores de edad o las ejecuciones públicas estuvieron a la orden del día durante siglos. Aunque tenían detractores, eran mayoritariamente aceptados, cuando no eran vistos con indiferencia. Hoy en día sucede lo mismo con las corridas de toros».

7 Memoria y olvido. La exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos (Madrid) reavivó el debate sobre el lugar del pasado en el presente.

Anna Pagès
Anna Pagès, autora de Sobre el olvido, publicado en Herder.

Anna Pagès, doctora en Ciencias de la Educación por la Universitat Autònoma de Barcelona, autora de Sobre el olvido y Cenar con Diotima (Herder) responde así a la pregunta sobre si los recuerdos y la justicia son imprescindibles para conseguir el olvido: «Creo que sí. Después de las guerras civiles, y a nivel político, se han creado las Truth and Reconciliation Comission, las Comisiones para la Verdad y la Reconciliación, a nivel internacional, en Sudáfrica, Ruanda, Colombia, Guatemala. ¿Para qué sirven estas comisiones? Su propósito esencial es describir los hechos con la máxima precisión posible y, al mismo tiempo, proponer algunos elementos que permitan la reconciliación y la paz. Curiosamente, en España nunca se ha creado algo así respecto de la Guerra Civil, lo cual demuestra que la herida sigue abierta, de lo que estamos siendo testigos hoy, si tenemos en cuenta el momento político actual. Ninguna Ley de Memoria Histórica, por más adecuada que sea, puede sustituir la necesaria reflexión sobre la verdad y la reconciliación».

Y sobre una nueva Ley de la Memoria Histórica, esto afirmaba Reyes Mate, filósofo y miembro de la Comisión de expertos sobre el futuro del Valle de los caídos: «Estaré encantado de darle la bienvenida con tal de no perder de vista lo que significa memoria, que no es solo justicia, como decía la ley de memoria histórica anterior. En eso es en lo que se basan las asociaciones por la recuperación de la memoria histórica, que entienden la memoria como justicia a las víctimas republicanas porque entienden que las otras ya tuvieron su reconocimiento. Porque la memoria es justicia, sí, pero es mucho más: es interrupción, final de un proceso, es perdón y reconciliación. Hemos perdido de vista en nuestro debate actual a qué obliga la memoria. Obliga a un planteamiento de la política que cancele el enfrentamiento y eso es lo que está absolutamente ausente del debate español. Aquí los que defienden la memoria, en el fondo, están defendiendo la justicia histórica y los que se oponen a la memoria quieren el olvido, y la memoria no es solo justicia histórica ni es solo olvido».

Valle de los Caídos, ¿lugar de memoria?

Reyes Mate recuerda la propuesta que hizo el Comité de expertos para el futuro del Valle de los Caídos, «muy fiel a la memoria y fue desechada por todos, por quienes decían que el Valle no se toca y por los otros. Recuerdo en concreto un artículo de Santos Juliá en El País diciendo que el Valle no se podía resignificar. Luego lo repitió el presidente (Zapatero, en aquel entonces). Y yo me pregunto por qué. ¿Por qué si se ha podido resignificar una máquina de extermino como eran los campos de concentración no se va a poder resignificar el Valle? A los campos ahora nadie va a celebrar la ideología de los nazis, sino a enfrentarse a una tragedia, a dejarse interpelar por el sufrimiento de las víctimas. Ya no son, como antes, lugares de muerte, sino de reflexión».

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