Aquella época convulsa y determinante para la cultura y el pensamiento

Garcilaso de la Vega
Hijo de un secretario y embajador de los Reyes Católicos, Garcilaso introdujo la poesía española en la modernidad al adaptar el espíritu y la métrica de la poesía de Petrarca al castellano. Imagen de Garcilaso de la Vega extraída de la portada del libro.

¿Qué puede aportar hoy a una persona interesada por la cultura y el pensamiento La edad imperfecta, la novela sobre un literato del Renacimiento español, Garcilaso de la Vega, al que todos conocemos de los libros de texto pero al que pocos realmente conocen? ¿Qué puede decirnos hoy la figura de este poeta toledano, que fue soldado de Carlos V y murió en una escaramuza de poco fuste en una guerra perdida? Quien atraviese las páginas de la narración no solo descubrirá a un personaje fascinante y contradictorio, sino que se empapará de una era de cambio profundo.

Por Agustín Alonso G.

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La edad imperfecta, de Agustín Alonso G. (Sílex Ediciones).

El Renacimiento es, para el imaginario colectivo, un concepto difuso en el que se mezclan los cimborrios octogonales, las intrigas de los Borgia y los nombres de las tortugas ninja. Y, sin embargo, el temporalmente indefinido y turbulento período de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna tiene una importancia capital para delinear un mapa de la historia de la cultura y el pensamiento.

La edad imperfecta se desenvuelve entre 1517 y 1527, una de las décadas más determinantes para la historia de Europa, y he querido reflejarlos con toda su riqueza en el relato protagonizado por Garcilaso. Quien atraviese las páginas de la narración no solo descubrirá a un personaje fascinante y contradictorio, hijo de su tiempo, sino que se empapará de una era de convulsiones y cambio profundo. La cita del Erasmo de Rotterdam de Stefan Zweig (Ediciones Paidós, 2005, trad. de Rosa S. Carbó) que abre la novela marca el tono de esa era imperfecta que dio a luz la modernidad:

«Algunas veces, muy raras a lo largo de los siglos, surgen tensiones tan huracanadas que rasgan el mundo en dos como una tela y ese gigantesco desgarro atraviesa todos los países, todas las ciudades, todas las casas, todas las familias, todos los corazones. En esos casos, la violencia excesiva de la masa oprime con su fuerza inmensa al individuo que no puede defenderse, que no puede salvarse de la locura colectiva, pues un oleaje tan enfurecido no admite lugares ni márgenes seguros».

Los años de La edad imperfecta van de la llegada de Carlos de Austria a España para tomar posesión de sus reinos —llevando a cabo el sueño unificador de sus abuelos los Reyes Católicos para Castilla y Aragón— al saco de Roma, que podría considerarse el 11-S de su tiempo por la brutalidad del ataque y las consecuencias que tuvo para la configuración geopolítica de la cristiandad.

El temporalmente indefinido y turbulento período de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna tiene una importancia capital para delinear un mapa de la historia de la cultura y el pensamiento

Es una época en la que Lutero publica las tesis de Wittenberg que marcan el comienzo de la Reforma, Carlos se hace con la corona imperial alemana, Francisco I de Francia es hecho prisionero por las tropas españolas, Clemente VII intenta urdir una liga internacional contra el emperador y los ejércitos de Solimán el Magnífico llegan a las puertas de Viena. En América, Hernán Cortés y Francisco Pizarro llevan a cabo sus conquistas. Y también con ese espíritu pionero, Magallanes y Elcano dan la primera vuelta al mundo.

En el ámbito intelectual y artístico, Erasmo es el referente teórico y los diferentes bandos religiosos tratan de sacarlo de su neutralidad, Maquiavelo publica su Arte de la guerra (ya había dado a la imprenta El príncipe, en 1513), muere Rafael Sanzio, Italia marca el camino de la nueva poesía y la muerte del maestro Josquin Desprez no hace sino engrandecer su figura como el primer compositor de música vocal polifónica.

En Castilla es la época de la revuelta fracasada de las Comunidades (en realidad, una de las tantas guerras civiles de nuestra Historia) y de la toma de Navarra, de nuevas alianzas matrimoniales con Portugal para aspirar a la unidad ibérica, del pulso entre quienes pretenden censurar todo aquello que suene a luterano y quienes aspiran a una apertura a otras formas de religiosidad. En lo literario, es un momento de agotamiento del modelo poético de cancionero y, con la difusión de la imprenta, el éxito masivo y creciente de las novelas de caballerías.

Las circunstancias sociopolíticas durante aquellos años en Castilla pueden recordar a nuestros días: inestabilidad política por la falta de un líder claro que rija los destinos del país, especulación inmobiliaria, corrupción en los cuadros de la administración pública por la proliferación de políticos profesionales y la acumulación de cargos en personas muchas veces mediocres, oligarquías en algunas de las grandes ciudades que se revuelven contra un poder central desafecto…

Habían pasado entonces 25 años de la publicación de la Gramática Castellana, que buscaba —en palabras de su autor, Nebrija— «desbaratar la barbarie por todas las partes de España tan ancha y luengamente derramada». El impulso reformador en cultura y educación de Isabel la Católica, que Cisneros prolongó tras la muerte de la soberana, iba a dar sus frutos en figuras artísticas e intelectuales durante el siguiente siglo y medio, en ese espacio de tiempo que unificamos como Siglo de Oro. Claro que los Reyes Católicos también habían sembrado la semilla de una involución intelectual, representada institucionalmente por la Inquisición.

«Y esa manía contra los libros impresos… ¿No sería mejor rebatir los argumentos que hay en su interior en lugar de confiscarlos y echarlos al mar o al fuego?», dice uno de los personajes de La edad imperfecta, el embajador veneciano Gasparo Contarini. «La Inquisición anda excitada, tratando de evitar la circulación de libros prohibidos y promoviendo procesos contra los que llaman aquí los alumbrados, un grupo de personas devotas que predican una espiritualidad sin intermediaciones».

Las circunstancias sociopolíticas durante aquellos años en Castilla pueden recordar a nuestros días: inestabilidad política, especulación inmobiliaria, corrupción…

La década de los 1520 se puede considerar una época crucial en la evolución ideológica de España. Al comienzo de ella, en la Dieta de Worms, un joven e imberbe Carlos V perdona la vida a Lutero. Pero en 1530 ya habían comenzado los procesos en Toledo contra sospechosas y sospechosos de cercanía con las ideas protestantes. Durante esos años comienza a dilucidarse si España entra en la modernidad o no.

Mientras Europa avanza hacia el capitalismo y se desarrolla la burguesía, nuestro país se entrega a la doctrina condenatoria de la banca, considerada usura (practicada por los judíos, expulsados treinta años con el consiguiente empobrecimiento cultural y económico de España). Mientras Europa se dedica a construir un sistema económico que acelerará el desarrollo de sus naciones, los reinos de Carlos V se embarcan en empresas para la defensa de causas ideológicas y patrimoniales y a la conquista de América… endeudándose con banqueros italianos y alemanes. «Esta Corte se mueve en medio de los mismos defectos que antes conté: se hace la guerra y se padece una gran pobreza», escribe en 1523 el embajador polaco Juan Dantisco a su monarca.

La figura de Carlos V posee una enorme talla histórica, atractiva para el estudioso y para el profano con una mirada cargada de épica y para los apasionados de la imperiofilia (que se podría considerar una suerte de mitología hispana). Pero desde una visión crítica, y analizando su espacio en la historia del pensamiento político, hablamos del último caballero medieval, que gastó el dinero de Castilla, entonces granero de la península, y el oro expoliado a América, en campañas militares e ideológicas que quizá inflamen cierto sentimiento nacional pero que a efectos prácticos condenaron el futuro del país.

Además, el progresivo encarnizamiento en la persecución de las ideas erasmianas y luteranas hipotecará también el progreso cultural e intelectual de España, impidiendo un enriquecedor debate de ideas en el futuro. En La edad imperfecta, como digo, todo este panorama es el trasfondo de una historia personal, esa intrahistoria de la que hablaban los noventayochistas, protagonizada en este caso por un personaje de las clases privilegiadas, Garcilaso de la Vega.

La década de los 1520 se puede considerar una época crucial en la evolución ideológica de España. Al comienzo de ella, un joven Carlos V perdona la vida a Lutero. Durante esos años comienza a dilucidarse si España entra en la modernidad o no

Hijo de un secretario y embajador de los Reyes Católicos, Garcilaso formó parte de la corte de Carlos V, en la que fue una estrella literaria y musical. Recibió la protección de la familia de Alba y fue amigo íntimo del que sería el gran duque de ese linaje. Garcilaso introdujo la poesía española en la modernidad al adaptar el espíritu y la métrica de la poesía de Petrarca al castellano. Fue un ciudadano importante en el Toledo de comienzos del siglo XVI y procurador en las Cortes de Castilla.

Pero también fue alguien lleno de inseguridades, empujado a tomar decisiones desagradables por ser el segundón en la familia. Tuvo que dejar a la madre de su primer hijo y casarse sin amor para asegurar el favor de Carlos V y con ello una posición en la corte. Se enamoró platónicamente de la mujer de su hermano mayor, el heredero de los títulos y los bienes de la familia. Desterrado dos veces, participó en algunos de los acontecimientos más importantes de la época, antes de morir muy joven en una escaramuza bélica de poca monta cuando se encontraba en el mejor momento de su vida y su carrera literaria.

La edad imperfecta podría analizarse como la historia entre dos hermanos, el líder comunero Pedro Laso y el poeta Garcilaso. La Castilla de la voluntad y la Castilla de la sensibilidad (donde dice Castilla, léase España, de configuración castellanocentrista). Ambas España libraron —y siguen librando— una batalla en la que las victorias habituales de la voluntad a lo largo de los siglos han configurado una forma de entender la vida, la cultura y el pensamiento de un territorio. ¿Para bien? ¿Para mal? Eso que lo juzgue cada una y cada uno.

Sobre el autor

Agustín Alonso G. (Madrid, 1980) es filólogo, novelista y productor de contenidos digitales en RTVE, donde actualmente es subdirector de Contenidos Juveniles. Ha colaborado con Radio 3 y El ojo crítico, de Radio Nacional, y ha formado parte de proyectos que han merecido dos Premios Ondas y los Cannes Corporate TV & Media Awards, entre otros.

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