Además de haber puesto su granito de arena para descubrirnos al resto de mortales los grandes secretos del mundo, los filósofos han aportado otras cosas: historias, diálogos y, en algunos casos, estupendas anécdotas. Unas anécdotas que, por lo general, llaman la atención por la peculiar personalidad de sus protagonistas. Los filósofos han sido tradicionalmente personajes extravagantes, que vivían de manera diferente al resto y también con un puntito de seriedad –tal vez excesiva– que convierte estos sucesos en experiencias muy llamativas. Hemos querido reunir en este texto algunas de las mejores (imposible contarlas todas en un único artículo; eso podría llenar un libro) anécdotas de los grandes filósofos de la historia. Pero sí hemos seleccionado nuestras favoritas. Algunas están claramente demostradas por los historiadores; otras nos han llegado como leyendas populares… Y estas hemos querido contarlas también porque, la verdad, son muy entretenidas.
Dentro de la historia de la filosofía, Grecia lo es todo, y en este aspecto que nos ocupa, también. La mayoría de ellas las cita Diógenes Laercio en sus Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, publicado por Alianza, aunque otras las hemos recogido de otras fuentes, como Filosofía para bufones, de Pedro González Calero, editado en Booket, o rebuscando entre diferente documentación.
Sócrates y familia

No podía faltar, en esta lista, uno de los nombres propios más célebres de la historia: el gran Sócrates. Dice la leyenda que ningún esclavo quería ser tratado como se trataba Sócrates a sí mismo. Pero parece que esa exigencia consigo mismo no hacía falta que se la impusiera él, pues la tenía en casa. Su esposa, Jantipa, ha pasado a la historia como una mujer de gran carácter que no dudaba en poner firme al filósofo cuando su conducta no le gustaba. No debía ser fácil convivir con un hombre como Sócrates… aunque no deja de parecer excesivo lo que cuenta la anécdota más famosa de ella. En cierta ocasión, enfadada con Sócrates por algo que este había hecho, le vació un orinal en la cabeza. Sócrates era uno de los hombres más ecuánimes y se limitó a decir: “Después del trueno viene la lluvia”. No obstante, los últimos estudios en torno a su figura parecen demostrar que esa actitud no era la norma en su esposa. Madre de los tres hijos que tuvo con el filósofo (Lamprocles, Sofronisco y Menexeno), fue una mujer que quedó arrasada por el dolor tras la condena a muerte de su esposo.












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