Esto no estaba en mi libro de filosofía

Sócrates a punto de beberse su...¿ cubo de Rubik? Las sorpresas de este libro empiezan en su misma portada.
Sócrates a punto de beberse su... ¿cubo de Rubik? Las sorpresas de este libro empiezan en su misma portada.

El filósofo, profesor, escritor y articulista Santiago Navajas nos trae uno de los libros más originales y agradables de lo que llevamos de año: Esto no estaba en mi libro de historia de la filosofía (Almuzara), un acercamiento a esas realidades filosóficas que, por una u otra razón, la historia ha preferido ocultar u obviar.

Por Jaime Fdez-Blanco Inclán

"Eso no estaba en mi libro de filosofía", Santiago Navajas (Almuzara).
“Eso no estaba en mi libro de filosofía”, Santiago Navajas (Almuzara).

Navajas nos presenta historias que han sido olvidadas en mayor o menor medida en los libros de texto de filosofía, mientras nos explica las figuras protagonistas, los contextos sociales, las relaciones socioculturales y los cambios políticos que están detrás, en la mayoría de los casos, de ese aislamiento.

Así, nos encontramos con un estudio en profundidad que nos explica, por ejemplo, la responsabilidad de la religión cristiana a la hora de tumbar la filosofía griega; un análisis detallado de por qué hay que considerar a Santa Teresa de Jesús (y a Hildegarda von Bingen) como una de las primeras feministas de la historia, las incoherencias de Marx y Engels entre su pensamiento y sus propias vidas, el papel de la fe religiosa en la sociedad actual o las razones que hicieron que, pese a su nazismo confeso, Heidegger enamorara a las masas mucho más que los grandes logros en epistemología y filosofía científica e histórica de Ernst Cassirer.

Historia y filosofía, de la mano

Todas estas afirmaciones de Navajas se realizan bajo una óptica racional y lógica, haciendo referencia a hechos históricos reales, constatables, que enlazan con las ideas filosóficas que fueron, en última instancia, la principal causa de esos hechos, cambios y revoluciones que la historia ha contemplado.

Se agradece en el libro el lenguaje usado, que huye de farragosas explicaciones y reflexiones poco menos que encriptadas (que haberlas, haylas), que permiten al lector, ya sea novato u académico, adentrarse en el texto, sorprenderse y aprender, que es, a fin de cuentas, de lo que se trata.

No es solo un texto de anécdotas; es un libro profundo, capaz de conquistar tanto al novel como al amante de la filosofía pura y dura, muy bien escrito, que une cercanía con academicismo a partes iguales

Desde el principio, el autor incide poderosamente en la importancia por recuperar para la filosofía el papel que le es propio y que tanto peso ha tenido en la historia. Si hay quien dice que la búsqueda de la sabiduría es algo poco práctico y descartable en los planes de estudio, Navajas se encarga de demostrar que no es así, que somos seres racionales y libres que no queremos renunciar a dichos atributos, lo que no haría más que aportarnos miseria y oportunidades perdidas.

Buena parte del encanto del libro de Navajas está en la capacidad del autor para hilvanar las ideas descritas con los sucesos históricos en los que se forjaron y las consecuencias en las que desembocaron. Más allá de la coherencia que eso transmite a las tesis –demostradas por hechos–, lo que de verdad atrapa al lector es el peso que la filosofía, el pensamiento, las ideas han tenido en el devenir de la historia.

Comprender que ideas bajo las que hoy vivimos estaban ya en el pensamiento protoliberal de Juan de Mariana, entre otros, u observar los regímenes totalitarios del siglo XX con el telón de fondo de las ideas políticas de Platón, Hobbes, Marx o Nietzsche, anima al lector a continuar leyendo para, en esencia, comprender hasta qué punto su existencia, la forma en que vive y se desarrolla, son consecuencia directa del auge o decadencia de determinadas tesis filosóficas. El pensamiento establece el rumbo, y los hechos históricos provocadas por esas ideas nos permiten atisbar el fin.

Incluso quien jamás ha prestado especial atención a la filosofía deberá aceptar, tras la lectura de este libro, lo condicionada que está su vida respecto a las ideas que postularon esos principios. Un logro notable, amén de –como el autor explica– un impulso por despertar el ansia de aprender del lector. Y es que, generalmente, la visión que tenemos de los filósofos, como bien indica el libro, es “como si vivieran poco menos que en el aire”. Tan centrados en sus teorías y reflexiones que nos da la impresión de que sus vidas se desarrollaron alejadas de la realidad que a los demás nos toca transitar. Obviamente, esto no es así. Todos ellos fueron personas normales y corrientes fuera de su excelencia intelectual, con sus problemas, sus dudas y sus experiencias al margen de sus elucubraciones teóricas. Algunos se jugaron la vida por sus ideas, otros decidieron abiertamente tomar partido por los sucesos de su tiempo, y no pocos se enfrentaron con aquellos que no compartían sus tesis. La filosofía, y los filósofos con ella, se desarrollaron en la historia como ocurre con la vida de cada uno de nosotros, y eso es uno de los grandes reclamos de este libro: el traer a los pensadores, pero sobre todo a su pensamiento, a la tierra.

“Eliminar asignaturas filosóficas supondría por parte de los ministros la aceptación implícita de que la filosofía supone oposición al sistema democrático, lo que es absurdo, o a la ideología del gobierno, lo que sería revelador”. Santiago Navajas

En defensa de la filosofía en las aulas

Mención aparte merece la introducción del libro, en la que el autor hace una defensa a ultranza de la filosofía como materia necesaria, en estos tiempos en los que el pragmatismo –necesario, sin duda– termina pecando por exageración.

Nos advierte Navajas algo que quizás los políticos no se han parado a pensar con detenimiento y es la faceta que muestran al devaluar esta materia: “Eliminar asignaturas filosóficas supondría por parte de los ministros la aceptación implícita de que la filosofía supone oposición al sistema democrático, lo que es absurdo, o a la ideología del gobierno, lo que sería revelador”.

Si algo ha demostrado la filosofía es que es “la materia que mejor combina el pensamiento crítico con las herramientas para procesarlo”. No es, por tanto, una enseñanza caduca que debe ceder necesariamente el paso a otros conocimientos con mayores posibilidades mercantiles. Es, por el contrario, terriblemente necesaria, tanto para nuestra vida personal como a un nivel colectivo y social. Sin ella no es posible la creencia justificada o la acción razonada, como tampoco lo es la diferenciación entre aquellas que lo son y las que no. No hay ninguna disciplina capaz de abrir mentes como esta que nos ocupa. Hacemos un flaco favor a las nuevas generaciones privándoles o reduciendo su papel en la formación, pues es lo que desarrolla la principal facultad que nos permite enfrentarnos al mundo y habitar en él: la razón instrumental.

A pesar de que, por su título, uno pudiera pensar que el contenido del libro es un mero anecdotario, la realidad de Eso no estaba en mi libro de filosofía es mucho más. El de Navajas es un libro profundo, capaz de conquistar tanto al novel como al amante de la filosofía pura y dura. A su perfecto equilibrio entre filosofía e historia le añade otra virtud remarcable: la legibilidad. Y es que, más allá de su contenido filosófico, se trata de un libro muy bien escrito, que une cercanía con academicismo a partes iguales, lo cual siempre es de agradecer dentro del mundo del pensamiento.

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