Diotima y el «Me too»

«¿Qué diría Diotima de las circunstancias actuales? El filósofo francés Jean-Claude Milner escribió sobre el «Me too». Diotima le preguntaría qué ha pasado hoy con el amor», escribe Anna Pagès. Imagen hecha a partir de una ilustración de Augusto Ordonez en Pixabay.
«¿Qué diría Diotima de las circunstancias actuales? El filósofo francés Jean-Claude Milner escribió sobre el «Me too». Diotima le preguntaría qué ha pasado hoy con el amor», escribe Anna Pagès. Imagen hecha a partir de una ilustración de Augusto Ordonez en Pixabay.
Cenar con Diotima, de Pagès (Herder).
Cenar con Diotima, de Pagès (Herder).

Después de la publicación de Cenar con Diotima (Herder, 2018) me han preguntado con frecuencia qué hubiera dicho ella de las circunstancias actuales de nuestro tiempo. Es una pregunta difícil y delicada. ¿Cómo vamos a imaginar a Diotima, personaje de la Grecia clásica, en la actualidad, cómo la vamos a ubicar aquí mismo, en plena revolución biotecnológica? Normalmente, cuando me hacen esta pregunta es para terminar por decir al interlocutor qué debemos hacer. Es una pregunta trampa, que intento rodear sigilosamente para evitar mayores males. Diotima, hoy, no es una interlocutora para nosotros en igualdad de condiciones, entre otras cosas porque su presencia es en sí misma una especie de ilusión, en una época caracterizada por la búsqueda de consignas sobre cómo actuar. Sin embargo, sí se puede «traer» a Diotima al presente si la consideramos desde otra óptica.

La Diotima de El banquete es una idea de Platón en boca de Sócrates. A lo mejor podríamos pensar a Diotima desde el trabajo de algunas filósofas como Adriana Cavarero, que la interpreta libremente, cuestionando a Platón. Sin embargo, si hiciéramos eso nos apropiaríamos de Diotima llevándola a nuestro terreno de juego. Por el contrario, si, al igual que ella, damos a Sócrates su propia medicina, utilizando el método mayéutico para averiguar cuál es la verdad del discurso contemporáneo (verdad en el sentido de lo que esconde o encubre), ¿por dónde nos moveríamos? He reflexionado sobre esta cuestión y se me ocurre que invocar a Diotima, hoy, implicaría buscar a un homólogo de Sócrates para, al igual que hizo ella, interpelar su supuesto saber. Por eso pienso en el binomio Diotima y el Me too.

Diotima, hoy, no es una interlocutora para nosotros en igualdad de condiciones, entre otras cosas porque su presencia es en sí misma una especie de ilusión, en una época caracterizada por la búsqueda de consignas sobre cómo actuar

El filósofo francés Jean-Claude Milner escribió a propósito del movimiento Me too en el año 2019. Su análisis es, como siempre, chocante. No dice lo mismo que el resto de intelectuales dedicados a esta temática, desde Butler pasando por Nussbaum hasta Zizek. Este autor es siempre una excepción por el enfoque que da a las cuestiones latentes en lo social. Adopta una dimensión socrática, en el sentido de la Apología: señala las cuestiones más relevantes un minuto antes del desastre. Tomemos, pues a Milner como un Sócrates actual y veamos cuál es su planteamiento, para introducir después a Diotima y determinar qué le preguntaría. En este extravagante ejercicio voy a imaginar a Diotima como un punto de vista filosófico, susceptible de ser interrogado del mismo modo en que ella formula su propia interrogación.

Milner aborda el problema del Me too estableciendo un paralelismo entre las relaciones sexuales de dominación y un sistema «profesionalmente» efectivo. La dominación como herramienta de productividad económica se convirtió en una especie de normalidad en Hollywood. Ese fue el escándalo. La filosofía del Me too denuncia el abuso y la violación, regla tácita que en Hollywood hacía funcionar profesionalmente el sistema. El abuso no era una excepción, sino una regla general orientada a la eficacia y productividad de quien ostentaba el poder. Todos los esfuerzos de la civilización han estado históricamente encaminados a resolver el problema de la dominación del más fuerte por encima del más débil. Para ello se creó, dice Kant, el contrato entre las partes (por ejemplo, el matrimonio, a nivel jurídico) o el consentimiento verbal. En cambio, Marx no vio tan claro esto del contrato puesto que, según él, todo contrato es también una evidencia de la desigualdad entre quién contrata (que obtiene un beneficio o provecho) y quien es contratado (preocupado por su supervivencia). El problema de convertir el abuso en una regla profesionalizadora, es decir, en un funcionamiento de dominación, revierte en la relación sexual, poniendo énfasis en su capacidad intrínseca de convertirse en abuso. Este abuso se puede encontrar a todos los niveles (no solo entre hombres y mujeres) siempre y cuando el sujeto sea instrumentalizado como un cuerpo cuyo uso no tenga límite.

La filosofía del Me too denuncia el abuso y la violación, regla tácita que en Hollywood hacía funcionar profesionalmente el sistema. El abuso no era una excepción, sino una regla general orientada a la eficacia y productividad de quien ostentaba el poder

Diotima en El banquete representa a todos los que no participan del grupo de los guapos, inteligentes y patricios de la ciudad. Platón lo pensó bien: por eso su voz queda en los márgenes. El grupo de hombres amigos de Agatón muestran una seguridad, una certeza en su discurso. Creen que saben lo que dicen. Son conscientes del lugar de privilegio que ocupan, al formar parte de una élite económica, intelectual y social. Ser amigo de Agatón no es cualquier cosa, que te invite a cenar a su casa menos todavía. Sin embargo, Platón se dio cuenta de la dificultad de oponer la dominación de los cuerpos con el pensamiento. Por eso desplazó el problema hacia las almas. Planteó la posibilidad de alcanzar una unidad de las almas en el mundo bello, eterno e inmutable del mundo de las Ideas, en lugar de adentrarse en este molesto asunto de la anatomía. Por eso, Diotima interroga a Sócrates para introducir un nuevo elemento en el debate: el amor, punto intermedio entre lo que se dice y lo que se hace, entre las cosas sensibles y las ideas eternas, entre lo vivido y lo soñado, entre el cuerpo y el alma. Eros, el deseo de la inacabable posesión de lo bello, se desliza por encima (o por debajo) del impulso a la dominación que puede llegar al abuso.

¿Qué preguntaría Diotima a Milner? Ella ignoraba la lucha de clases que Marx introduciría en el siglo diecinueve. Tampoco supo del feminismo, aunque después, sin saberlo, haya hecho mucho por él. Diotima, habitante de la Atenas aristocrática pero excluida de ella, por ser extranjera, mujer, medio maga, capaz de posponer el azote divino, no entiende esto de la dominación, pero sí el concepto de privilegio, unido a un cierto valor agalmático que la polis proyecta en los hombres (no mujeres) sabios.

Seguramente Diotima preguntaría a Milner qué ha pasado hoy con el amor. ¿Acaso perdimos el medio camino de Eros, el semi-dios?

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