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«Aplaudimos a nuestros conciudadanos, seres humanos de carne y de hueso, los cuales, sin embargo, se han convertido en héroes urbanos que nos salvan, nos protegen y nos cuidan de forma desinteresada. O, mejor aún, su heroicidad se desprende del interés que despertamos en ellos. Pero estos héroes creados en la «carrera vírica» albergan en sí cierta poética», escribe Olga Amarís.

La heroicidad inconsciente de los justos

Solíamos salir a los balcones y a las terrazas a aplaudir. Algunos siguen haciéndolo. Y ahora, envueltos en la niebla de ciudades invernales, esos aplausos, más mitigados y más fugaces, recuerdan a tambores de...

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